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Nos tapan el mate,/ nos desaparecen el pan,
nos hundimos: ¡ay, Patria mía!/ Mientras vemos como
crece
la montaña corrupta/ y esperamos ver a quiénes
quemarán esa llama./ Yo prefiero ser esa a quien
llame esa mano,/ a la deriva serlo/ resistiendo.
Escombros desde su comienzo como grupo de artistas de lo que queda
provoca, convoca y moviliza a través de diferentes formas.
Despierta los sentidos y aquello que aparecía como algo inofensivo
y banal de pronto adquiere otras connotaciones. Las obras no pasan
desapercibidas al observador que las contempla, el cual de una forma
u otra, termina involucrandose con aquello que tiene frente a sus
ojos.
Es que Escombros llega a través de sus numerosas producciones
a los cimientos de lo humano mostrándonos de alguna forma
todo lo terrible y lo hermoso que nos circunda. Y para ello se vale
de lo simple, de lo cotidiano, que en esta oportunidad se conjuga
de manera original.
Posiblemente algo de todo esto que estamos relatando, también
sea compartido por los cientos de visitantes que acudieron al Museo
de Arte Contemporáneo Latinoamericano de la ciudad de La
Plata entre el 22 de octubre al 22 de noviembre del 2004 a visitar
la muestra que realizó el grupo Escombros. En esta ocasión,
se encontraban trabajos de años anteriores como el emblemático
“Cementerio” (1989),“Arte a la deriva” (1992),
“Montaña” (1993). También se expusieron
obras más recientes como “La deuda externa” (2003),
“Mate argentino” (2003), “La condición
humana” (2003) “Objeto inaccesible” (2003), ”País
de lágrimas”(2003) “Mundo sin forma” (2004),
“Máxima seguridad” (2004) “La última
cena” (2004), “Utopía y realidad” (2004).
Y no fue, por cierto, un evento más, ya que el mismo suscitó
reacciones en diferentes ámbitos. En primer lugar, fue notoria
la gran concurrencia de asistentes teniendo en cuenta que no fue
publicitada a través de los medios masivos de comunicación,
aunque después la misma fuera reconocida por miembros especializados.
Un ejemplo de esto son las notas publicadas en la Revista Ñ
bajo el título “Arte para hacer un mundo menos peor”,
en la Revista del Diario “La Nación”, “Imaginación
desde los Escombros” en el Diario Hoy de la ciudad, por esos
días. Esto da cuenta de la trascendencia del evento ya que
se logró traspasar la frontera del circuito platense y se
proyectó sobre otros ámbitos de mayor alcance.
Por otro lado, no hay que olvidar que el grupo Escombros ya tiene
un largo camino recorrido por la ciudad de las diagonales, en el
cual ha cosechado en buena ley, a un grupo de seguidores interesados
por cada actividad que realizan. Esto genera la creación
de un original canal de comunicación que se construye a partir
del boca en boca, transformándose en un medio efectivo para
lograr que la convocatoria sea conocida por todos.
Desde nuestro punto de vista, lo que resulta interesante de indagar
es acerca de lo que suscitó en los que asistieron a la muestra
y dejaron de manifiesto su opinión en un libro de mensajes.
De alguna manera la muestra se prolonga a través de las impresiones
que dejaron en forma escrita- mayoritariamente las personas adultas-
y los dibujos realizados por los niños que tambien tuvieron
la oportunidad de asistir.
El origen de la mayoría de los chicos que había participado
dejando sus impresiones en papel eran de condición socio
económica baja de escuelas ubicadas en los partidos de Berisso
y Ensenada. Las visitas eran guiadas por Marina Grisolía,
Maite Harosteguy, Magdalena Pérez Balbi y Marideé
Vale en el marco de un acuerdo que se realizó entre la empresa
petrolera Repsol y el museo. Esto denota que el hecho de ir a una
muestra en el MACLA podía significar algo más para
estos niños, como podría ser la emoción de
un viaje, conocer otra realidad distinta a la cotidiana, ver por
primera vez una obra de arte consagrada, etc. Por lo que surge del
informe que nos entregaron las guías y de la entrevista que
les realizamos, el objetivo de estas visitas era pedagógico.
Las actividades planificadas constaban en trabajar a partir de lo
que a los asistentes les surgía en el circuito utilizando
los siguientes ejes: pobreza, injusticia social y corrupción,
ya sea desde sus conocimientos previos como de lo que les nació
en esa visita. Se combinaban explicaciones sobre la muestra con
actividades interactivas. En relación a la obra “Montaña”
se pedía a los alumnos que escribieran una experiencia buena
y otra mala. Como actividad final, con repecto a la obra “Arte
a la deriva”, se les pidió a los chicos que realizaran
un dibujo que luego formó parte de la muestra. De este modo,
los niños se convertían en participantes del evento.
A simple vista- dada el cantidad de mensajes escritos y los dibujos
realizados- podemos sostener que la experiencia de los espectadores
-tan disímiles entre sí- ha sido intensa. Esto nos
permite hablar de que hay un determinado tipo de experiencia que
se vivió en la muestra. Acaso sea interesante partir de esta
coincidencia y recordar lo que nos decía Susan Sontag cuando
bregaba contra las maquinarias interpretacionistas características
de los años sesentas: el psicoanálisis y el marxismo,
en pos de la defensa de una lógica propia del arte, no subyugable
a otra: “idealmente, es posible eludir a los intérpretes
por otros caminos [superando a la idea del arte de la pura forma]:
mediante la creación de obras de arte cuya superficie sea
tan unificada y límpida, cuyo ímpetu sea tal, cuyo
mensaje sea tan directo, que la obra pueda ser... lo que es”
.
Escombros no deja lugar a dudas: cada una de sus obras de arte son
lo que denominan "objetos conciencia", cosas que llaman
a la reflexión. Pues, no sólo están la plástica
o la fotografía que logran un choque visual, sino que ellas
están apoyadas por textos lúcidamente escritos a partir
de juegos de palabras o de imágenes. Es en ese momento donde
no queda ambigüedad posible y la obra se vuelve una: forma
y contenido. Se empiezan a conjurar el arte y la denuncia.
Escombros se convierte en el arte de lo que nos queda, ya que, en
una Argentina que se ha convertido en ruinas, como queda planteado:
"Esta es la realidad en la que vivimos: desocupación,
hambre, pobreza, indiferencia, pobreza, corrupción... ¿Qué
les espera a nuestros hijos con todo esto? Buena pregunta, ¿no?",
el grupo comienza desde 1987 a tomar las ruinas y crear con ellas.
Se manifiesta a través de los mensajes con los cuales pudimos
captar opiniones y sensaciones diversas que dan cuenta de las distintas
relaciones que logra plantear Escombros entre el arte y la realidad,
la estética y la ética, la actitud reflexiva y la
toma de conciencia.
“En
el arte de la resistencia no hay espectadores,
se hace entre todos o no se hace”. Escombros.
"Todo espectador es un cobarde traidor."
Ahora bien, cuando el espectador toma la iniciativa de participar,
deja de espectar para ser participante. El contenido social y político
del mensaje, que es la obra en sí y su carácter de
objeto, esto es, la posibilidad que da de verlo desde múltiples
perspectivas, con sus volúmenes y asperezas, y hasta de tocarlo;
desencadena la imposibilidad del público de quedarse impasibles
frente a lo que se vive. Por eso el artista que denuncia es aquel
que habla al público de la realidad social actual. Acaso
se muestra aquello que diariamente intentamos ocultar, eso que no
vemos porque no queremos ver, haciéndolo invisible a nuestra
mirada.
En una parte del público de la muestra se produjo una reacción
de distanciamiento de lo que molesta o pertuba de lo cotidiano.
Encontramos dos maneras que nos permitieron dar cuenta de esta afirmación.
Por un lado nos servimos de lo que nos decían las guías
respecto a que -si bien, algunos objetos-conciencia hablaban directamente
de los cartoneros y ellas consideraban que por las características
de las escuelas esa debía ser la profesión de algún
miembro de las familias de los concurrentes- en ningún momento
surgió un niño que hable de los carros como parte
de su cotidiano, se desplaza la imagen hacia otros. Lo cual deja
lugar a pensar que los mecanismos de etiquetamiento y discriminación
se dan también en los sectores más marginados, no
tanto porque nadie dijo que esa era la fuente de ingresos de su
hogar sino porque hablaban con una distancia tal como si fuera un
paisaje ajeno al suyo.
Por otro lado, lo que encontramos en los mensajes de los visitantes
de la muestra, "No me ha sorprendido, no me ha interesado,
no me ha conmovido...¡No! ¡No! ¡No! Dejen de hacer
esto", "Es muy feo ver esto, da impresión y prefiero
no ver la realidad tan fríamente". En ambos casos se
manifiesta un cierto efecto de negación frente a lo que se
ve, ya no hay reacción posible y no tiene caso seguir mirándola.
La impresión que la muestra dejó a algunos concurrentes
fue de un hondo pesimismo: "Todo lo que muestran es lo que
ustedes tienen adentro. Ustedes eligen la muerte". Tal vez
como síntesis de estas dos críticas está en
el siguiente texto: "Demasiado "oscuro" es como que
falta la luz (conciencia) hay demasiada "sacralización"
de la pobreza, ¿por qué? Muy técnico".
Otra situación que se presentó fue la crítica
por la supuesta pertenencia social a la clase media de los autores
o al público al que iba dirigida la obra en mensajes como:
"Son unos caraduras. ¿Y la autocrítica dónde
está?" o "Horror sin hedor, horror pulcro (como
el de los juegos electrónicos). Arte de nuestro tiempo, apto
para conmover a quienes seguirán esperando que otros cambien".
Así es que la denuncia no siempre es bien recibida por parte
de quienes viven esta experiencia, pero, de todas maneras, dio lugar
a algún tipo de reflexión sobre nuestra vida actual
y sobre la historia, acerca de qué nos gusta y lo que no
gusta ver, en última instancia qué es lo que esperamos
de una obra de arte y cómo enfrentamos lo que se expone.
"¿Y
ahora?"
En verdad, la trayectoria de Escombros ha girado en gran parte
en dos etapas: la denuncia seguida de la reflexión, aunque
esta última sin un lineamiento ideológico sugerido
como correcto sino como propio. Esto es discutido por los pocos
mensajes que los tratan de "muy zurditos". Pero la falta
de algún tipo de ofrecimiento de perspectiva ideológica,
que se refleja en recados tales como: "Me gustaría para
mis nietos que Escombros les dejara alguna esperanza, algo a que
aferrarse", se ve enmarcada en el doble juego que los autores
proponen: por un lado, tienen en sus obras una clara actitud política
que la ofrecen como propia; pero, por el otro, luego del primer
choque que logran se abre un espacio donde las perspectivas sobre
los problemas sociales se articulan con sus valores, de ahí
surgen las tan diferentes salidas que propone la gente.
En este momento es cuando toman particular preponderancia las experiencias
anteriores de quienes ofrecen sus mensajes, como por ejemplo: "Saqué
dos bolsas de diarios viejos y se las llevé a una mujer que
con su carro estaba en la esquina. Le daba el pecho a una criatura.
Y encima me dijo "gracias señor". Y me sentí
avergonzado. ¡Pobre y pequeña Patria mía!".
Los padecimientos que todos los días se viven se conjugan
a partir de las situaciones disparadoras que presentan los objetos-conciencia
de la muestra.
A las reflexiones que plantea la gente, quienes en ese momento se
transforman en los protagonistas de la exposición, las hemos
agrupado en torno a tres grandes ejes: el que llama a la resistencia
como forma de acción e incluso a un accionar más directo;
el que plantea una opción más bien mística;
y el que nuclea una fuerte crítica dirigida a la clase política
argentina.
Del primer grupo forman parte mensajes como: "No resistas,
¡resistamos!", "Me parece excelente que sea un grupo
cultural con una conciencia social como la que muestran y que usen
este espacio como medio de transformación social", "No
podemos aceptar que nos "pongan a la deriva". Debemos
luchar por ser dueños de nuestra historia. Si nos juntamos
con otros, podemos" o "¡Dan ganas de terminar de
llorar y empezar a hacer! Gracias por el cachetazo". Seguido
al choque hay una toma de conciencia y una necesidad de acción,
se propone una actitud solidaria, no sólo como forma de resistencia,
sino también como modo de construcción de una realidad
distinta.
El grupo que propone una salida mística contiene mensajes
como: "De los Escombros nacerá el Salvador" (firmado
por la Biblia de la Resistencia) o "La piedad latinoamericana,
es el grito, un salmo, una oración al cielo, para impedir
que el negro futuro que nos amenaza, la pobreza, termine por condenar
a ese Cristo doliente, que en brazos de su madre, nos avergüenza,
nos asombra. Quiera Dios darnos coraje y negarle piedad a quienes
lo condenan"(DIBUJO A). Ante tanto desastre y dolor, parecería
que sólo la redención puede consolarnos y dar la fuerza
para continuar.
Al tercer grupo lo conforman escritos como: "El arte a la deriva
es un pensamiento aislado de los malditos políticos",
"Gracias por conceder este espacio; lamentablemente hay personas
que no lo quieren ver porque no les conviene", "No sé
cómo les da la cara a los políticos de turno para
no hacerse cargo de esta exposición que habla de ellos entre
otros" o "Exposición excelente, refleja la sociedad
de este país tal cual se presenta hoy en día, producto
de la nefasta acción de nuestros políticos".
La clase política argentina sería la artífice
de esta situación catastrófica. Los políticos
no quieren ver lo que hicieron y hacen con el país. Aquí
no se concibe la idea de que un dirigente pueda venir y resistir
todas las denuncias que a través de esta muestra realiza
el grupo Escombros.
En las salidas postuladas, hay un constante llamado a la unión
con el otro para mejorar la actual situación o para mejorar
a nivel personal. Es que hay un nuevo espíritu de época
que trae consigo un aire renovador de nuevos deseos, ilusiones que
intenta barrer los pesares y sufrimientos que se han producido luego
de una de las mayores catástrofes políticas y sociales
que hemos vivimos como país. Poco a poco se comienza a reconstruir
lo que se rompió: los sueños, la esperanza, la solidaridad
a partir de lo que nos queda. De manera que, después de la
denuncia y la reflexión, hay una (tal vez incipiente) toma
de conciencia que llama a algún tipo de actividad.
Entonces, Escombros, arte de lo que nos queda, deja de ser aquello
que se sirve de las ruinas para ser el arte que, a partir de lo
que ha quedado, construye posibilidades de nuevos lazos sociales
y acciones de solidaridad que se desencadenan a partir de la transformación
que logra rompiendo con la indiferencia individualista reinante.
"La
estética de la belleza del dolor de lo real."
Las obras de arte de Escombros pareciera que dan un largo giro
espiral para volverse objetos-conciencia y que, acaso, no distinguen
las edades ni las pertenencias sociales, ya que puede ser un juego
que se da a partir de lo que sucede entre el arte, la ética
y la conciencia. Podríamos decir que el primero choca, la
segunda se conmueve y la tercera intenta ver factibles salidas.
De la denuncia y la reflexión, a la toma de conciencia y
la necesidad de construir una nueva realidad hay una relación
no lineal y por instantes imperceptible, necesariamente enmarcada
en un contexto social, pero que queda presente en aquellos que frente
a una obra de arte dejaron de ser espectadores para ser participantes.
De ver simples expresiones artísticas llegaron a ver objetos
que los impulsan a la toma de conciencia.
Cecilia Erbetta y Patricia Giordana.

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