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Críticas, textos propios, notas periodísticas
2002 | 2003



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Grupo Escombros:
Creador de conciencia

Publicado en: Revista La Pulseada Nº 10, abril de 2003
Autora: Diana Pazos


Hacen arte en la calle y se llaman a sí mismos “artistas de lo que queda”. Famoso por sus murales y convocatorias impactantes, el Grupo Escombros moviliza a la ciudad cada vez que expone obras en contra de la corrupción y la injusticia social y a favor de la solidaridad y la ecología. A quince años de su formación, un repaso sobre la historia de estos platenses que creen que el mundo debe cambiar para no ser inhumano.

Había una cantera abandonada y una consigna: fundar La ciudad del arte. Desde temprano, unas diez mil personas llegaron en los medios de transporte más diversos y más de mil artistas de todas las disciplinas se dieron cita en Hernández, cerca de La Plata. Se trazó una cuadrícula, las calles tomaron nombres de artistas y el terreno desbordó de obras. Pero como en toda ciudad, pasó de todo: algunos grupos atacaron las obras, otros llevaron una bandera nazi gigantesca que los judíos pidieron que se sacara, un hombre se desnudó y una pareja no dudó en amarse debajo de unos arbustos. A la hora del ocaso, decenas de personas aparecieron de la nada, comenzaron a descender por las laderas de la cantera y arrasaron con todo. Se llevaron el cartón, los alambres, la madera. Al ver la ciudad saqueada, los artistas decidieron quemar sus obras. Las llamas se recortaron entonces en el cielo estrellado, dando vuelta a la página de la ciudad que duró un solo día: el 9 de diciembre de 1989.

Sin embargo, durante aquella curiosa convocatoria del Grupo Escombros, los integrantes distribuyeron dos mil bolsitas de semillas con la inscripción “Para sembrar la nada y dar muerte a la muerte” y la gente las tiró en la tierra. A los dos meses, esos objetos de conciencia a los que llamaron Siembra transformaron el paisaje en un matorral y ahora, en ese lugar, hay una laguna. Es que, a diferencia del museo, el espacio donde tiene lugar el arte en la calle, cambia.

Eran tiempos duros, años de hiperinflación donde todo parecía derrumbarse. Una decena de artistas se preguntó entonces qué iba a quedar de nuestro país y la respuesta fue inmediata: “Escombros”. Con ese nombre, nació en 1988 este grupo de arte en la calle, que hoy conforman el ingeniero David Edward, el periodista Luis Pazos, los diseñadores gráficos Héctor Puppo y Horacio D’Alessandro y el profesor en Bellas Artes Juan Carlos Romero. El arquitecto Héctor Ochoa dejó de participar recientemente. A quince años de su incursión en un terreno con impacto, espontaneidad, imaginación y coherencia, el grupo platense realizó desde convocatorias, afiches y murales, hasta acciones solidarias y poesía visual. Respetados por el público, premiados por la crítica e invitados a bienales de arte en todo el mundo, ellos dieron y seguirán dando que hablar.

Precisamente, el día en que fundaron La ciudad del arte participaron con su obra Sutura: una cicatriz en la tierra de 30 metros de largo, cosida con soga de barco. “Intentamos simbolizar la posibilidad de curar todas las heridas, de reparar lo roto, de sanar”, dijo el Grupo. Sin embargo, la obra fue interpretada de muchas maneras. Por ejemplo, cuando vieron una foto de Sutura en Porto Alegre, en Brasil, los críticos sentenciaron: “Es la cicatriz cultural de América Latina”.

Somos artistas de lo que queda. Nos sorprende seguir vivos cada mañana, sentir sed, e imaginar el agua”, decía el graffiti que escribieron en un baldío del barrio porteño de San Telmo. Como postal, constituye el primer envío del Grupo, al que le siguió Pancartas I, una galería de arte montada en medio de la mugre acumulada debajo de la autopista Buenos Aires-La Plata. Tendieron un fino mantel sobre la mesa, sirvieron vino blanco, y los taxistas paraban para preguntar: “¿Hay fiesta?”. Todos los concurrentes opinaron sobre lo que estaba pasando, sin quedarles en claro que se trataba de una muestra de arte. Una de esas pancartas era una foto que terminó convertida en el recordado mural de 7 ente 41 y 42. Como en toda obra, las interpretaciones de Teoría del arte se multiplicaron y nunca se supo si los cuatro hombres con sus cabezas incrustadas en la pared estaban sosteniéndola o derrumbándola. “En realidad, nosotros estábamos sosteniendo la pared porque todo se derrumbaba. Pero el arte tiene esas cosas... Cada persona lo interpreta como quiere; lo importante es que se lleve algo”, dice Luis Pazos, quien destaca que “mientras la vida útil de un mural es de dos años, ese duró diez y se convirtió en una especie de patrimonio cultural de la ciudad porque nadie lo atacó. Al contrario, lo cuidaron”.

Finalmente, el Banco Río construyó una playa de estacionamiento y tiró abajo la pared que correspondía al primer manifiesto de Escombros, La estética de lo roto: “La tortura rompe el cuerpo; la explotación irracional de la naturaleza rompe el equilibrio ecológico; la desocupación, el hambre y la imposibilidad de progresar, rompen la voluntad de vivir; el miedo a la libertad rompe la posibilidad de cambio; el escepticismo rompe la fe en el futuro; la indiferencia de los poderosos rompe la dignidad de los que no lo son; el individualismo salvaje rompe todo proyecto de unidad. En esta sociedad despedazada nace la estética de lo roto: Escombros”.

El público como coautor
Más allá de algunos cambios inevitables, algunas características se mantuvieron intactas en el Grupo. En principio, la mayoría de las obras se realiza al aire libre, en lugares no destinados a exposiciones de arte, como una plaza, una fábrica abandonada, una cava o un arroyo. A su vez, siempre se expresa la realidad sociopolítica del país y se utilizan materiales de desecho. Si bien ha participado de muchos eventos en distintas ciudades del país y del mundo, Escombros es “ voluntariamente local”, es decir, trabaja con y para la gente de La Plata. Y mientras actúa al margen del circuito comercial, sus obras están dirigidas a todo tipo de público. De esa forma, los artistas y/o espectadores se convierten en coautores de las propuestas.

Realizada en Plaza Francia, en Buenos Aires, la muestra Mar de banderas es recordada por artistas como “la obra más efímera de nuestras vidas”. Habían clavado en el césped cientos de banderas argentinas con la inscripción Ay, patria mía, y si bien el arte en la calle dura sólo un día, en esa ocasión duró diez minutos, el tiempo que tardó la gente en llevarse las banderas. “El coautor se llevó, la obra a su casa”, explican.

A principios de los 90 y junto a Greenpeace América Latina, Escombros organizó la convocatoria Recuperar en una fábrica abandonada de Avellaneda. “De la cultura del abandono a la cultura de la recuperación” era propuesta. Fueron seiscientos artistas argentinos y uruguayos y cinco mil personas. Los platenses presentaron la obra Pirámide, de 4 metros de alto por 3 de ancho, construida con envases de plástico recuperados de los basurales. También extrajeron agua del Riachuelo y la envasaron en botellas, haciendo nuevos “objetos de conciencia”. Se los llamó Agua S.O.S. y se donó lo recaudado a un hogar para chicos de la calle.

“El ciclo artístico es muy positivo: alguien dona el material, hacemos la obra y la donamos. El que la recibe la vende como papel o cartón y luego lo utiliza para algo”, cuenta Luis Pazos. Cuando el Grupo Escombros participó con la obra Mar en la muestra Arte en la Calle en el Museo, en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, al final de la jornada donó los materiales a una escuela que compró vidrios para sus aulas.

Luego de apilar quinientas bolsas de residuos de color negro impresas con la definición de “corrupción” y de arrojar en el suelo del primer piso otras quinientas, se distribuyeron nuevos “objetos de conciencia”, que eran cajas con una bolsa de las expuestas. Las acompañaba este texto: ”La corrupción, como la basura, contamina. Debilita a las sociedades, haciéndolas vulnerables a la enfermedad. La corrupción es ocultamiento. El corrupto, como las bolsas de residuos, lleva la descomposición en su interior es su conciencia muerta”.

A la deriva

Escombros organizó la convocatoria Arte a la deriva, botando al Río de la Plata una balsa construida con cañas y con 260 botellas que tenían obras de arte. El Grupo dejó su mensaje a quienes tienen como horizonte el desamparo y la incertidumbre. “El Poder decidió que el azar sea nuestra forma de vida. El nuevo orden del que supuestamente somos parte, deja librado al individuo a sus propias fuerzas. El obrero, el jubilado, el maestro, el investigador científico, el chico de la calle, el aborigen con cólera, el enfermo mental, el desocupado por el ajuste, están a la deriva. (...) Son náufragos porque no van adonde quieren sino hacia donde los arrastra la corriente”.

Luego de realizar afiches a los 20 años del último golpe militar, Escombros dio a conocer su Segundo Manifiesto: La estética de la solidaridad. A su vez, llevaron a cabo acciones solidarias, como limpiar un basural, entregar ropa o pintar una escuela. Sin embargo, advierten que “eso sirve a corto plazo; hay un trabajo a largo plazo que es la educación. Cuando el Estado no cumple con sus deberes, alguien tiene que hacer lo que puede. Siempre es una gota de agua en la inmensidad del océano, pero preferimos morir diciendo ‘pusimos diez gotas de agua’. Igual, somos conscientes de que son solo diez gotas”. Precisamente, uno de los postulados del Segundo Manifiesto afirma que “la estética de la solidaridad expresa la ética de la solidaridad: el artista crea para el débil, para el indefenso, para el no respetado; para el que camina descalzo, tirita de frío y come basura; para el que viste harapos, vive en la calle y muere en un baldío. La estética de la solidaridad es el espejo donde el Poder contempla su propia descomposición”.

Algunos años atrás, Escombros ya había sorprendido con la instalación de una jaula de cuatro metros de alto con un cartel que describía las características del artista latinoamericano. Lo llamaron Animal peligroso porque “al crear conciencia, el artista es peligroso para el Poder”.

Resistir y ser humanos

“Todo se hace por consenso. Si uno solo no está de acuerdo con algo, no se hace”. Con esta máxima del Grupo y aprovechando como en todas sus obras, la multiplicidad de las profesiones de sus integrantes, no dudaron en colocar en 7 y 48, en una de las paredes de la Universidad Nacional de La Plata, El hombre roto. Se trata de una figura humana en actitud de agobio, de 6,40 por 1,90 pintada de negro con un texto en el pecho, y todavía subsiste a las pegatinas de afiches que a menudo exhiben sus largas piernas.

Después del recordado Crimen seriado, cuando se convocó a realizar un “acto de conciencia” colocando vendas a más de setecientos árboles, el Bosque volvió a ser el escenario de una obra de Escombros. En agosto de 2002, los asistentes resistieron a la lluvia y cambiaron la consigna. Convocada para participar en El bosque de los sueños perdidos, la mayoría de la gente no quiso escribir en los cartones que colgaban de los árboles sobre las cosas que habían perdido. Por el contrario, los coautores optaron por apostar a los sueños que tenían. Se negaron a dejar de soñar.

“En la calle pasan cosas. La gente se mira, habla y cambia. Nosotros le damos un espacio para que se expresen y después hacen con eso lo que quieren. Pero se acercan con mucho temor a la expresión porque es un acto de libertad”, dicen los artistas. Y mientras que el hombre de clase media –mayoría en su público– encuentra alivio al comunicarse con otras personas, la ayuda es más directa para las clases más necesitadas: “Se llevan todo, y lo transforman en otra cosa. En el Bosque se llevaron hasta las mesas y sillas” .

El Tercer Manifiesto es La estética de lo humano. Uno de los postulados sostiene que “globalización, neoli-beralismo, economía de mercado, guerra humanitaria, pensamiento único, fin de las ideologías, nuevo orden mundial, revolución conservadora, son trampas semánticas. Disfraces del lenguaje que ocultan lo inhumano”. A los que le siguen: “Toda concentración de poder económico, político-religioso, es un acto de impunidad”; “Un pueblo resignado es una especie en vías de extinción”; y “Todo acto solidario es una batalla ganada a lo inhumano”.

Sembrando soles

A fines del año pasado, se convocó en la Plaza Islas Malvinas a escribir un poema dentro de un círculo de cartón amarillo de un metro de diámetro. Se llamó El sembrador de soles porque luego eran colocados sobre el césped, “sembrando”. Tal vez porque su consigna lo pedía a gritos, pero lo cierto es que ese día el sol brilló a pleno sobre las caras de cientos de personas más que heterogéneas.

Escribieron en los soles los internos con problemas neuropsiquiátricos de la Colonia Montes de Oca, los poetas consagrados y las amas de casa que reconocieron que hacen poemas en secreto. A las dos de la tarde llegaron los chicos del Hogar Pantalón Cortito para esperar que terminara la exposición y llevarse los cartones. A las siete de la tarde preguntaron: “¿Nosotros podemos escribir?”. Tardaron cinco horas en caminar dos metros, y según Escombros, “culturalmente, fueron como 200 kilómetros. Les pasó algo y aunque tardaron mucho en acercarse, lo hicieron”. El Grupo aclara que nunca censura lo que escribe la gente. Por ejemplo, esa tarde de noviembre llegó un hombre con una cinta negra enorme para cuestionar la obra y negarse a escribir: “En la Argentina de hoy no puede haber sol porque la Patria esta de luto”. Puso la cinta sobre el sol y se fue. Al rato, se acercó otro hombre para contar que “acá estaba el Regimiento, acá fui soldado y acá me maltrataron”. En tanto,un grupo de chicos jugaron toda la tarde a saltar esquivando los soles, sin enterarse jamás que estaban sobre una muestra de poesía. Ese día se mezclaron todos: los que necesitaban el cartón con los poetas. “Eso tiene el arte en la calle, de pronto se convierte en algo profundamente democrático. Los acercamientos son diferentes, pero cuando las personas se miran y comienzan a hablar, se dan cuenta de que el otro no es tan horrible como creían”, explican los artistas. Y ahora están explorando nuevas formas de expresión, como la poesía visual (hicieron una caja de pizza con poemas divididos en “porciones”) e Internet.

En la red expusieron País de lágrimas, que es una sucesión de imágenes con bolsitas llenas de lágrimas que portan distintas inscripciones: “Lágrimas de los chicos que mueren de hambre” o “Lágrimas de aquellos a los que les robaron el futuro”, entre otras. La última obra en su sitio de Internet es Objeto inaccesible, donde se muestran panes a los que nadie puede llegar porque tienen alambres de púas, vendas o un puñal que los hace sangrar. También se exhibe un pan de oro y otro detrás de un vidrio que dice: “En Argentina, 40 chicos mueren de hambre cada día”.

Más allá de los proyectos que los unen –como pintar murales en escuelas carenciadas– y de sus coincidencias estéticas y filosóficas, los “artistas de lo que queda” sostienen que los une una amistad de treinta años. Y cuentan que en sus inicios esperaban poder cambiar de nombre, pero cada vez encontraron más escombros. Por eso sentencian: “En el mundo de hoy lo humano es la excepción y lo inhumano la normalidad. Ese mundo debe ser cambiado sin que importe el precio a pagar. Ningún costo puede ser más alto que perder la condición humana”.

Grafitti



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El Bosque de los Sueños Perdidos El Bosque de los Sueños Perdidos
Pizza de Poesía Concreta Pizza de Poesía Concreta
El Sembrador de Soles El Sembrador de Soles
El Gran Sueño Argentino El Gran Sueño Argentino
Grupo Escombros: Creador de conciencia Grupo Escombros: Creador de conciencia
Objeto Inaccesible Objeto Inaccesible
Guiso Argentino Guiso Argentino
Entre lo parainstitucional y la reactivación de la esfera pública Entre lo parainstitucional y la reactivación de la esfera pública
Juguetes Solidarios Juguetes Solidarios
Escombros en ISalud Escombros en ISalud
La silla del poeta La silla del poeta
Grupo Escombros: Intervenciones en el espacio público Grupo Escombros: Intervenciones en el espacio público
Escombros en Arcimboldo Escombros en Arcimboldo
El colectivo de arte Escombros y sus intervenciones públicas El colectivo de arte Escombros y sus intervenciones públicas
Proyecciones hacia los '90 Proyecciones hacia los '90
La ciudad desde las artes visuales La ciudad desde las artes visuales




 

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