El Grupo Escombros fue fundado el 9 de julio de 1988.
Luis Pazos, Héctor Puppo, Raúl García Luna,
Jorge Puppo, Angélica Converti, Oscar Plasencia, Claudia
Puppo y Mónica Rajneri conformaron las primeras experiencias.
El grupo finalmente es integrado por D’Alessandro, Edward,
Ochoa, Pazos, Puppo y Romero. Definidos como artistas de lo que
queda, su lugar es la calle, el desecho, lo residual.
La superación del arte tradicional ha encontrado en nuestro
siglo diversas manifestaciones. Una de ellas es la declaración
de la realidad en el arte a través de su implicación
en los ambientes y en las acciones. Así como la vida puede
ser arte y el arte puede ser vida a partir de la apertura de la
obra de arte en las tendencias contemporáneas, Escombros
hará arte y vida a partir de lo que queda en la sociedad
fracturada, en el hombre roto.
“Somos artistas de lo que queda. Nos sorprende seguir vivos
cada mañana, sentir sed, e imaginar el agua”, declara
el grupo en su primer envio llamado Graffiti.
El grupo expresa desde el comienzo sus formas de producción:
los espacios públicos, su propia corporeidad, el registro
fotográfico, el transeúnte. Su poética como
un acto de libertad realizado por el artista asumido como superviviente.
La construcción de sentido a partir de la experimentación
y la participación de los receptores que acompañarán
el o los sentidos de sus marcas. El escombro, la rotura, la vulnerabilidad
como metáfora directa del hombre en el mundo actual, la condición
de lo efímero.
Escombros recorre el camino que ha quebrado lo heredado. La calle
fue ganada en los ’60, en los ’70, como también
fue perdida. Los años ’80 y ’90 se construyeron
con nuevos escenarios ambientales, públicos y privados, mediatizados
por nuevas redes y alta tecnología. El grupo se ha lanzado
sobre lugares olvidados, perdidos, no-lugares, generando una señal.
“La herencia de las vanguardias históricas se mantiene
en la neovanguardia en un nivel menos totalizante y menos metafísico,
pero siempre con la marca de la explosión de la estética
fuera de sus confines tradicionales. Esa explosión se convierte,
por ejemplo, en negación de los lugares tradicionalmente
asignados a la experiencia estética”.(149)
Ante la estética del objeto y la contemplación Escombros
elige la acción, los lugares-otros, la producción
del accionista-operador y el receptor-operador. La estética
de la acción intenta despertar actitudes generales extendiendo
la experiencia estética a otros espacios. La propuesta generada
se completa con la participación directa o diferida, más
que con la realización de un evento acotado. Así nos
encontramos en el trayecto del grupo con pasos, momentos o temporalidades
de un proyecto que va irradiando sentido a partir de “lo que
queda” hacia “un arte solidario”. La estética
de lo roto se plantea la recomposición de los pedazos del
hombre moderno y sus expresiones artísticas. En la sociedad
del desecho y la fugacidad proponer un arte a partir de esos componentes
recomponiendo críticamente los despojos. De esta manera se
avanza a la estética de la solidaridad, desarrollada en el
segundo manifiesto del grupo en 1995.
“La estética de la solidaridad expresa la ética
de la solidaridad: el artista solidario crea para el débil,
para el diferente, para el no respetado; para el que camina descalzo,
tirita de frío y come basura; para el que viste harapos,
vive en la calle y muere en un baldío. La estética
de la solidaridad es el espejo donde el Poder contempla su propia
descomposición”.
La
ciudad del arte, ¿una utopía?
La ciudad del arte es una propuesta
de acción colectiva, efímera, realizada a
través de la convocatoria ampliada a todos los “artistas”
de Escombros en 1989, que resume el caudal de transformaciones y
marchas de las artes, la utopía y lo urbano, en la contemporaneidad.
Los integrantes de Escombros, en la medida en que van instaurando
una serie de acciones performativas, van transitando y construyendo
diferentes espacios de circulación y puesta en escena de
sus manifestaciones. A partir de una serie de convocatorias el grupo
comenzó a recuperar por “un instante” lugares
devenidos en ausencias de..., y proyectar espacios alternativos
a los institucionalizados invitando a la comunidad y a los artistas
nacionales e internacionales a sumarse al proyecto colectivo-público.
Recordamos las convocatorias realizadas a fin de constituir el Centro
cultural Escombros, Arte en las ruinas (mayo de 1989), La ciudad
del arte (diciembre de 1989) y Todos o ninguno (diciembre de 1995),
que conforman en cierto modo el contexto de La ciudad del arte.
En la primera convocatoria participaron más de 50 artistas
de Buenos Aires, Mar del Plata y La Plata, representando diferentes
corrientes, tendencias y manifestaciones artísticas. Arte
en las ruinas en una calera abandonada de Ringuelet proponía
un centro de duración efímera, el día 27 de
mayo de 1989 de 14 a 18. El Grupo, firmando Héctor Puppo,
Luis Pazos, Jorge Puppo y Mónica Rajneri, presenta una declaración.
¿Por
qué un Centro cultural?
Las ruinas en las que Escombros funda
su Centro cultural, no fueron elegidas al azar. Son un símbolo
de la realidad. (...) Ocupamos un espacio. El que la desidia, el
capricho o el simple afán de destrucción quitó
a la ciudad para entregarlo a la naturaleza.
Generamos nuestra propia institución. (...) Extendemos los
límites que las convenciones impusieron a la obra de arte.
Desde este preciso instante el lugar elegido ya no es una calera
en ruinas. Es una galería de Arte.
Juan
Carlos Romero como artista invitado también escribe:
“¿Qué obra de arte
se puede hacer en este lugar que pueda modificarlo? No existe. Haber
descubierto el lugar ya es un hecho artístico. El Grupo Escombros
es un creador. Quizá solo se puedan señalar espacios,
quizá solo se puedan hacer marcas para dejar nuestra firma,
como los enamorados tallan los árboles para la posteridad.
Solo una humilde marca que enriquezca el caos (...).”
El arte contemporáneo se expande en variadas posibilidades
construyendo nuevos espacios, creando “mundos posibles”,
modificando el espacio urbano y el espacio específico de
lo artístico.
La expansión artística propone una expansión
simbólica. Señalar, encontrar o marcar un lugar implica
poetizar un ambiente. Se establece una apropiación creativa
de las dimensiones físicas reales del espacio circundante,
adquiere un sentido a partir de las ruinas. Siempre hay un resto.
Se logra un espacio que envuelve al hombre, le permite suspender
la temporalidad y propiciar un rito. La convocatoria y su realización
han instaurado una realidad en una situación espacial.
Si un componente utópico aparece en esta convocatoria del
grupo, este se ampliará en la siguiente propuesta La ciudad
del arte. El 9 de diciembre de 1989 en la Cantera de Hernández,
en La Plata, se funda un nuevo espacio:
“En un paisaje casi lunar, de tierra devastada donde la vegetación
no crecerá jamás, Escombros fundará La ciudad
del arte. Un lugar con el plano semejante al de una ciudad, para
que expongan artistas representantes de las distintas corrientes
del arte en la actualidad.
(...) En La ciudad del arte queremos alejar el fantasma, queremos
recrear el espíritu alegre del hombre, provocar al animal
dormido y despertarlo para construir el futuro, ese futuro que para
nosotros es hoy y lo vamos a construir con la única esperanza
de romper el molde del arte caduco que alberga su destino en las
cajas de la seguridad bancaria.”
Juan Carlos Romero hace su manifiesto de fundación acompañando
las diferentes noticias que el grupo hace circular: escenarios,
parcelas, invitados nacionales e internacionales, preparación
de las obras del grupo.
La ciudad del arte se conformó a partir de una sucesión:
un tiempo previo, el del proyecto, la convocatoria, la difusión
y la coordinación; un tiempo acto situado en el lugar vacío
con una duración die-getical a la manera de los festivales
y un tiempo posterior de ramificaciones, especialmente desarrollado
en los medios como las acciones posteriores. La Ciudad ocupó
y recuperó un espacio, pero ocupó otros, especialmente
los espacios de las redes comunicacionales para construir el acontecimiento
fundacional.
El espacio urbano, en la mirada de Escombros, excede la circulación
en la calle, se torna simbólico. Un lugar privilegiado del
intercambio material y simbólico.
Fundar una Ciudad del Arte entra dentro de los discursos de la utopía
o bien del utopismo.
Una ciudad es tanto para habitar como para imaginar. La de Escombros
fue habitada por un día, la imaginación desbordó
las horas. La utopía se caracteriza por un contenido y un
proyecto. Supone la voluntad de construir un mundo “otro”
con relación a un mundo existente y una historia alternativa,
revelándose como humanista y antropocéntrico, puesto
que como pura creación humana, el hombre es dueño
de su destino. La utopía está sometida a imperativos
de credibilidad y verosimilitud, es positiva, mira al futuro, propone
la organización de una sociedad feliz.
Ese mundo “otro” propuesto por Escombros se basa en
la comunión de los artistas con la gente.
“Todos unidos en la misma tarea: instaurar un lugar propio
y común donde confundirse. La existencia de esta ciudad es
obra de todos. De aquellos que la soñaron, de aquellos que
la pueblan, de todos, hasta de aquellos que la niegan. Ella, La
ciudad del arte, está aquí y ahora, hoy. El sueño
se ha hecho posible. Es una realidad. Una ilusión, una idea,
un proyecto (llámela como quiera) que es.”
Aquello que tiene que ver con las reglas de credibilidad y verosimilitud
del utopismo ocurrió antes y durante y después de
la fundación. La convocatoria realizada a través de
afiches, señales y prensa, especialmente, produjo en quienes
no esperaban participar en calidad de “saber experto”,
público especializado, etc., una curiosidad y una confusión
que ayudaron al traslado de gran cantidad de personas hacia la nueva
ciudad, pensada, simulada, concretada.
En el trazado de la ciudad se cumplió con un verosímil
de emplazamiento como también con ciertos códigos
de convivencia y jerarquía. Estos aspectos provocaron adhesiones
y rechazos, críticas favorables y también enjuiciadoras.
“(...) No es casual que en las afueras de La Plata, el Grupo
Escombros reproduzca la cuadrícula hispánica y erigiéndose
como grupo dominante divida a los participantes en dos: los grandes
productores y los pequeños productores. (...) La fundación
de ciudades es un antiguo deseo que tiene su auge en los comienzos
de la burguesía, y continúa en los sueños repletos
de verdor de los urbanistas. El Grupo Escombros prefiere el encanto
de las ruinas (...)”.(150)
La cita se refiere a cierto carácter jerárquico puesto
en evidencia durante el evento, como la distribución de obras,
realizadores, los nombres de las calles, de artistas consagrados
y no de anónimos. Las contradicciones emergentes de diferentes
voces epocales, de ausencia de claves mínimas en el sentido
de Vigo, y más bien un orden ideal establecido antes que
el triunfo del azar.
Estos mismos aspectos sobre todo produjeron una relación
entre obras, roles, juegos, acciones, percepciones, estímulos,
con diferentes ritmos, a veces regulares, muchas veces caóticos.
Una tensión entre el orden proyectado y el caos de la experiencia
vital propio de lo vivo, de lo que significa, de la libertad.
La ciudad del arte emergió ayer del vientre de La Plata fugazmente,
pero el tiempo suficiente como para que los visitantes se toparan
con una realidad “otra”, un mundo pluralizado en donde
se perdieron los nombres de los autores de los trabajos expuestos,
para conformar la suma de ellos, una gigantesca obra de la que formó
parte también el público”.(151)
Esta ciudad se fundó en una celebración, la de la
vida sobre la muerte, la de la creación a partir del vacío,
la de la comunicación por sobre el autismo, la del intercambio
por sobre el exhibicionismo. La fiesta altera el tiempo normal,
como las conductas, requiriendo una transformación espacial
profunda. En la ciudad de Escombros la simultaneidad de los acontecimientos
y señales borró la dirección única,
estableció diferentes caminos con mojones para ubicar al
desprevenido.
“Supuestas manzanas que conformaban una cuadrícula
de 14 x 8 fracciones tomaron el nombre de Gropius, Lola Mora, Shakespeare,
Javier Villafañe, entre otros. Las irregularidades del terreno
fueron el peñón Edith Piaf, el acceso Berni, el monte
Charles Chaplin o punta Man Ray, y la topografía no terminaba
ahí”.(152)
La marca de Escombros para recuperar el espacio físico-simbólico
fue sobre todo su obra Sutura, tratando de unir la tierra quebrada.
Una gran cosida sobre la tierra fracturada que traduce metafóricamente
al hombre roto, un intento formalmente significativo para restablecer
al hombre escindido. La obra consistió en un tajo en la tierra
de 30 metros de largo y 1 metro de profundidad cosido con soga de
10 centímetros. Una obra que podía recorrerse siguiendo
el camino señalado y que además podía contemplarse
como una verdadera obra de “arte de la tierra” desde
las alturas, es decir desde el acceso hacia el gran pozo.
El visitante podía reconocer además huellas del arte
pobre (medios y procedimientos simples y modestos), experimentación,
tradiciones, apertura y ampliación de lo artístico
a una penetrante experiencia estética compartida. Como las
obras del Land Art se apropian de los espacios de un modo estético
remitiendo a la presencia humana en un espacio negado.
Las tendencias conceptuales dominaron en la fundación a través
del grupo. Y más allá de alguna crítica que
encontró la fundación de La ciudad del arte como la
expresión de un grupo hegemónico, la concreta experiencia
compartida develó la heterogeneidad de posturas e imaginarios
que se yuxtaponen aun en un proyecto utópico, que como ya
señalamos presupone un cierto verosímil.
“[...] La fundación de La ciudad del arte, éxtasis
de la fragmentación, verdadera fiesta para el espíritu
paradigmático, en la que conviven todos los gustos, estilos
y deseos.”(153)
La ciudad del arte acentuó en el grupo la necesidad de la
convocatoria a partir de la actividad del espectador, el que justamente
puede instaurar procesos.
“[...]Una de las características salientes de este
grupo es el carácter abierto de sus realizaciones. Nada se
impone a quienes participan, las convocatorias son públicas,
las obras ni se seleccionan, ni se juzgan. Más allá
de las diferentes concepciones estéticas los reúne
la defensa de los valores de la vida, la imaginación, la
libertad, la dignidad, el trabajo, la voluntad, la justicia, etcétera.
Sin duda, el entorno, la calle, marca y tiñe la índole
plura-lista de las propuestas, sea realizada en cualquiera de los
‘ismos’ conocidos o cualquiera sea la disciplina o técnica
artística empleada”.(154)
Como en la poética del conceptual –en donde el arte
se vuelve un proceso comunicativo de funciones múltiples,
donde el productor-receptor no acepta pasivamente lo dado, genera
sentidos, acciones, respuestas positivas o negativas– La ciudad
del arte tensiona el espacio público como escenario de una
utopía, o de mixtopías; producto contemporáneo,
la crítica lo juzgó un acto postmoderno, por tanto
escenario de disolución de los grandes relatos totalizadores
–léanse los relatos de la utopía–; sin
embargo provocó una jornada de actualización de discursos
utópicos, heterotopías, apuestas modernas, y otras
actitudes, lugares y no-lugares, contrautopía. Todo ello
como interrogante, como enlace, de aquellos años deseosos
de otra realidad.
Indice |

Documentos I |
 |
El
Bosque de los Sueños Perdidos |
 |
Pizza
de Poesía Concreta |
 |
El
Sembrador de Soles |
 |
El
Gran Sueño Argentino |
 |
Grupo
Escombros: Creador de conciencia |
 |
Objeto
Inaccesible |
 |
Guiso
Argentino |
 |
Entre
lo parainstitucional y la reactivación de la esfera pública |
 |
Juguetes
Solidarios |
 |
Escombros
en ISalud |
 |
La
silla del poeta |
 |
Grupo
Escombros: Intervenciones en el espacio público |
 |
Escombros
en Arcimboldo |
 |
El
colectivo de arte Escombros y sus intervenciones públicas |
 |
Proyecciones
hacia los '90 |
 |
La
ciudad desde las artes visuales |
 |
|