
Como
muy pocos colectivos de artistas en la historia del arte argentino,
el Grupo Escombros ha mantenido una producción y una coherencia
artística notables. Aun cuando su conformación se
ha modificado levemente con el paso de los años –en
la medida lógica de los procesos orgánicos que alcanzan
también a los artistas– su persistencia en la creación
de un arte de compromiso político, frecuentemente al margen
de las instituciones, ha dejado una profunda marca en el panorama
de la creación contemporánea de nuestro país.
Sus obras abrevan en el contexto socio-político, pero también
en las necesidades cotidianas y en la memoria colectiva. Recurren
a un lenguaje de formas simples, de objetos comunes y figuras reconocibles,
porque no se proponen como meta impactar únicamente en los
espacios de circulación de la producción artística
actual, sino además, trascender los lenguajes herméticos
y la experimentación formal de tal circuito en la búsqueda
de un público amplio y participativo.
Sus propuestas reclaman una reflexión crítica y el
interés en los problemas y acontecimientos más urgentes
de nuestro tiempo. No adscriben a la autonomía del arte;
por el contrario, son partidarios de una producción de repercusión
social positiva, en diálogo permanente con el mundo, capaz
de despertar conciencias y avivar el pensamiento. Así lo
han demostrado, desde sus primeras incursiones en el espacio público
a sus actuales intervenciones en Internet, pasando por sus “objetos
de conciencia”, sus convocatorias participativas, sus manifiestos,
sus afiches o sus murales. Todo medio es adecuado en tanto pueda
convertirse en portador de ideas y anhelos.
Esta actitud constante del Grupo Escombros atraviesa, paradigmáticamente,
la apoteosis neoliberal del gobierno menemista y la crisis posterior.
En esta especial coyuntura, su arte encuentra un terreno fértil
para profundizar la veta social, a veces como compromiso con causas
culturales o ecológicas, otras veces como ayuda solidaria
o creación de ámbitos para la expresión comunitaria.
Sus acciones dejan marcas en la ciudad, en sus rincones y en su
gente. Como mensajeros de una estética solidaria y de resistencia,
de compromiso y hondamente humanista, su trabajo se integra al entramado
cívico abogando por una transformación a través
del arte.
Sus primeras producciones fueron principalmente llamados a la libertad
y a la participación creadoras. Tomaron como punto de partida
la situación de los artistas en una sociedad que tiende a
obturar sus expresiones encauzándolas a través de
ámbitos cerrados y de escasa resonancia.
Frente a este panorama, el Grupo Escombros organizó las
manifestaciones de artistas más abiertas y multitudinarias
que se hayan realizado hasta la fecha, generando un entorno de libre
exposición que aunó la labor de cientos de realizadores.
Su labor se limitó a conseguir y gestionar los espacios;
el resto corrió por cuenta de los artistas invitados a partir
de una convocatoria abierta e irrestricta.
Estas primeras experiencias ponen de manifiesto el excelente poder
organizativo que ha caracterizado al grupo en sus múltiples
propuestas participativas. A esas convocatorias para artistas, siguieron
otras dirigidas a la sociedad en su conjunto, que involucraron a
un amplio espectro de personas a reflexionar y actuar en relación
con temas políticos, culturales, históricos o ecológicos.
La contribución de la gente ha sido siempre un rasgo esencial
de sus propuestas, incluso en aquellas realizadas para salas de
exposición u otros ámbitos institucionales. En cada
una de sus muestras, la presencia de los miembros del grupo es indisociable
de la exhibición de las obras, ya que ambos forman parte
del mismo proceso de pensamiento. Así lo demuestran también
las múltiples acciones que forman parte del repertorio artístico
del grupo. Se trata, en gran medida, de poner el cuerpo, de llevar
la obra más allá de sus límites materiales,
de ampliar su radio de influencia hacia el pensamiento y el discurso,
de no permitirle descansar cómodamente en el regazo de una
institución.
Una parte importante de la producción de Escombros se imbrica
explícitamente con acontecimientos sociales y políticos.
Nombra el terrorismo de Estado, la desocupación, el hambre,
la represión. Establece con detalle una relación con
situaciones concretas, las denuncia, no las calla. Aun a riesgo
de ser tildados de panfletarios o de escasamente artísticos,
insisten en una estética que no hace oídos sordos
al contexto con el que interactúan cotidianamente.
Sin lugar a dudas, en este compromiso permanente se funda una de
sus máximas fortalezas como grupo, la que les ha permitido
persistir en la labor conjunta atravesando las imposiciones formales
y las modas. Una mirada al conjunto de su producción no hace
sino reforzar esta teoría. A más de una década
de su formación, la obra del Grupo Escombros es una de las
más singulares que ha dado el arte argentino de los últimos
años, tan singular que no termina de encontrar su lugar en
las historias oficiales que han clausurado y estandarizado la producción
reciente. ¿Acaso no es esa la mejor prueba de su vitalidad?
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Publicado en: Catálogo de la muestra
Autor: María de las Mercedes Reitano. Dra. en Historia del
Arte / Directora de Cultura, Secretaría de Extensión
Universitaria UNLP
Entre
la esperanza y la desesperación
Fotos, objetos, instalaciones. Géneros artísticos
distintos, propuestas estéticas distintas, y sin embargo,
coherentes. Las obras expuestas por Escombros en Arcimboldo tienen
un hilo conductor: la condición argentina. Por eso, más
allá del análisis crítico, la primera lectura
que hay que hacer es estrictamente ideológica. Aquí
están, convertidas en obras dolorosas, hasta crueles, las
etapas más dramáticas de la historia reciente de nuestro
país: del terrorismo de Estado a la desocupación y
de la extrema pobreza a la corrupción.
Cada obra, más allá de su contundencia, está
poblada de símbolos. El carro del héroe, por ejemplo,
es un típico carro de cartonero. Pero a la vez es mucho más
que eso. El color gris que lo vuelve espectral, que casi lo hace
desaparecer como objeto, es el color exacto de la pobreza. El pobre
no está en el circuito económico, no está en
el futuro, no está en el mundo. Son los nuevos desaparecidos.
Las fotos que muestran las performances realizadas por el grupo
entre 1988 y 1989 expresan, con absoluta crudeza, el horror de la
tortura, los asesinatos masivos, los campos de concentración,
los fusilamientos clandestinos, los suicidios simulados, las desapariciones.
Todo esto, que fue conocido en su momento como “los años
de plomo”, está sintetizado en los marcos que encuadran
las fotos: no es por simple estética que son, precisamente,
de plomo. La corrupción está mostrada como una herida
que mana sangre. Una hemorragia producida por una hoja de afeitar
monstruosa. Frente a esta obra es inevitable pensar en la hemorragia
económica que significó para la Argentina las coimas,
las privatizaciones truchas, la compra de conciencias, los sobresueldos
de los funcionarios, el desvío de las partidas, la financiación
de las campañas electorales con fondos del Estado.
Es de una lógica implacable que una de las instalaciones
sea País de lágrimas. Tanto abuso
de poder, tanta indiferencia, tanta impunidad, terminan en llanto.
Llanto de pena, es cierto. Pero también de rabia, de impotencia,
de tener que admitir que la realidad no se cambia solo con desearlo.
Los buenos deseos, los discursos encendidos y los gestos simbólicos,
son sólo eso. Los responsables de la tragedia argentina son
inmunes al pensamiento mágico.

Por todo esto, la instalación Mate argentino es la síntesis perfecta. Las bombillas que hacen imposible
beber la bebida nacional por excelencia son el símbolo irónico,
impiadoso, de la verdad última: mientras se mantengan estas
condiciones, es imposible construir un proyecto de país.
Y mientras no tengamos un proyecto de país estaremos a merced
de los saqueadores del mundo. Sean quienes fueren.
Muestra dura, implacable, creadora de conciencia. Y sin embargo,
con un amplio lugar para la esperanza. Para encontrar la solución
lo primero es plantear correctamente el problema. Esta es la Argentina
que tenemos dice Escombros. De aquí en más habrá
que ver cómo la cambiamos.
Para empezar, resistiendo. Actitud simbolizada en La condición
humana: una mano de piedra atravesada por un tornillo de
acero. El dolor infinito; la resistencia infinita.
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Publicado
en: Catálogo de la muestra
Autor: Emir Reitano / Historiador
Mate
argentino
Desde los remotos orígenes nuestro país se construyó
sobre antinomias reales, ambigüedades absurdas y utopías
imposibles. La misma creación del Virreinato del Río
de la Plata fue realizada sobre la unificación arbitraria
de regiones tan diversas como imposibles de unificar, fruto de una
política que como único objetivo tenía el de
frenar la expansión portuguesa en el área rioplatense.
Los españoles no pudieron tragar a los portugueses.
Esas mismas regiones al llegar la hora de la independencia buscaron
en vano la unidad imposible dejando como corolario el desmembramiento
del Virreinato, y la larga lucha civil entre Unitarios y Federales.
Ellos tampoco se podían tragar entre sí y el resultado
fueron los duros años del Rosismo y su impronta autoritaria.
La unidad nacional llegó de la mano de otra utopía:
la federalización del país. Por ella se volvieron
irreconciliables las posturas económicas del interior ante
la abrumadora avalancha comercial agroexportadora que se impuso
desde Buenos Aires. Sin embargo, los porteños jamás
pudieron succionar al interior.
Ya en el siglo XX el modelo liberal tuvo que agrandar su espacio
político y dejar a los radicales el poder para evitar una
nueva lucha fraticida. Pero en este caso tampoco los conservadores
pudieron tragar a los radicales y el corolario fue el golpe de estado
de 1930. Ante la irrupción del peronismo y con él,
la llegada de los sectores populares a nuevos escaños de
la sociedad, los conservadores y los radicales no pudieron beber
ese trago desagradable de “los cabecitas negras” en
el poder. El resultado de esa rivalidad sangró a la Argentina
por más de treinta años en donde unos devoraron a
los otros. A partir de los noventa la sociedad argentina se fragmentó
de manera tal que los bandos son múltiples y dispersos, pero
ninguno puede tragar al otro y las alianzas parecen cada día
más mezquinas y fragmentarias dentro de una nación
que no logra superar aún su crisis interna.
Tal vez la terrible realidad de esta nación se refleje en
su bebida nacional y en el accidente más frecuente que ella
pueda originar: la bombilla tapada. Esa nación rica en sus
propios recursos, productora de alimentos, en donde la mitad de
la población se muere de hambre y donde los unos no pueden
tragar a los otros, se asemeja tristemente a un mate tapado. Un
manjar delicioso, humeante y aromático, al que por una absurda
obstrucción no podemos acceder.
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Publicado
en: Revista La Nación, 14 de diciembre de 2003, Buenos Aires
Autora: Diana Fernández Irusta
Artistas
de lo que queda
Nacido en 1988, en la incertidumbre de la hiperinflacion, el Grupo
Escombros hace de la crisis el gran tema de su producción
artística. Hasta fines de este mes, sus últimos trabajos
se podrán ver en la galería Arcimboldo.
Quince años es mucho tiempo. Más cuando se trata de
sostener un proyecto colectivo. Sin embargo, los platenses que integran
el Grupo Escombros –José Altuna, Claudia Castro, Horacio
D’Alessandro, David Edward, Adriana Fayad, Luis Pazos, Héctor
Puppo– lograron mantener desde 1988 una propuesta artística
basada en la autogestión, la intervención en espacios
no convencionales y la idea de que el público bien puede
ser coautor de las obras.
Nacieron como equipo de creación artística en el fatídico
año de la hiperinflación. Precisamente, su nombre
y el convencimiento de que son artistas de lo que queda vienen de
la oscura sensación de derrumbe que los sacudió en
ese momento, cuando se preguntaban ¿qué va a quedar
de todo esto? Los fundadores del grupo pasaron por dos instituciones
clave de la renovación artística de los años
sesenta: el Instituto Di Tella y el Centro de Arte y Comunicación.
Por cierto, la herencia sesentista se les nota. La gente de Escombros
–de muy variada edad y formación– recupera con
plena conciencia algunos aspectos característicos de las
neovanguardias plásticas de aquellos años. Una es
la vocación por la intervención pública (tanto
por medio de acciones en plena calle como con la redacción
de manifiestos grupales). Otra, la convicción de que el arte
y la vida deben encontrarse y volverse una única cosa.
Coherentes con esta perspectiva, en sus primeros tiempos se abocaron
a la realización de obras efímeras. ¿Qué
menos permanente, por ejemplo, que cientos de banderas clavadas
en el césped de plaza Francia, con la inscripción
Ay, patria mía, destinadas a que la gente se las lleve una
a una? O la convocatoria El bosque de los sueños perdidos,
en el bosque de La Plata, en la que invitaban a los asistentes a
escribir sus deseos en cerca de 500 círculos y rectángulos
de cartón.
A diferencia de las vanguardias históricas, Escombros no
busca provocar a su público, sino incorporarlo a la tarea
de “hacer que los pensamientos se transformen en objeto artístico”,
afirma Luis Pazos, uno de los integrantes del grupo. Entonces, aunque
la estructura de la obra sea efímera, las emociones y reflexiones
que genera no lo son. En esta búsqueda, el compromiso con
la realidad del país y la memoria colectiva es permanente.
Por eso, aunque no busquen violentar al espectador, los artistas
no eluden la crudeza visual en muchos de sus trabajos.
En el último tiempo, este tenaz equipo de arte callejero
comenzó a incorporar objetos a su mundo expresivo. Buen ejemplo
es la obra La condición humana: una mano de piedra atravesada
por un tornillo de acero (alusión al dolor, la capacidad
de resistencia, la crueldad del mundo técnico).
Con estas piezas, los artifices de Escombros emprendieron el camino
hacia los espacios cerrados. Tras participar en muestras organizadas
por el Centro Cultural Recoleta y el Museo de Arte Moderno presentan,
hasta fines de este mes, una exposición en la galería
Arcimboldo. Pero el gusto por la intervención directa no
se les va: “Estos espacios de exposición son interesantes
–comentan. Pero nuestra expectativa es seguir trabajando en
la calle”.
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Publicado
en: Revista Ñ, 13 de diciembre de 2003, Buenos Aires
Autor: Alberto Giudici
Una
estética que golpea
“Arte de lo que queda” es la frase con la que el Grupo
Escombros define su trabajo, que denuncia de forma implacable, las
miserias de la Agentina.
Hace
quince años, el 28 de noviembre de 1988, tuvieron su bautismo
bajo la autopista, en Paseo Colón y Cochabamba. Aunque era
una acción, Pancartas I, que duró ese solo día,
la llamaron ‘’muestra” porque hicieron de ese
lugar un espacio de arte fuera del circuito sacralizado de las salas
de exposición. Clavaron sobre montículos de tierra
15 pancartas con fotografías de performances realizadas en
Buenos Aires y La Plata. Y como corresponde a toda inauguración,
para el vernissage pusieron una mesa con un fino mantel blanco y
sirvieron vino a los casi 200 asistentes. Entre ellos, “tacheros”
que paraban sorprendidos, bajaban, se tomaban una copita y seguían
viaje...
Ahora, por primera vez, realizan una muestra grupal de sus obras
más recientes en una galería, Arcimboldo, quizás
porque ésta dispone desde hace un año de un Gabinete
de Arte y Política que de alguna manera define un propósito
que les es afín.
En rigor, su irrupción había ocurrido meses antes,
en julio de 1988, por medio de un graffiti que vale la pena citar:
“Somos artistas de lo que queda. Nos sorprende seguir vivos
cada mañana, sentir sed, e imaginar el agua. ESCOMBROS”.
Desde entonces, Escombros es el sello de un grupo de artistas platenses
que no firma sus obras individualmente. En 1988 el país era
devorado por la hiperinflaci6n. ¿Qué queda del país?,
se preguntaron: “¡Escombros!”. El acta bautismal
definía una situaci6n social que no dejó de crecer;
ser “artistas de lo que queda” marcaba su inserción
militante, pero “sentir sed, e imaginar el agua” alumbraba
de modo terriblemente poético el propósito estético
de construir una imaginería visual que no dejó de
reciclarse.
En quince años de ininterrumpidas acciones, sobre todo en
La Plata y sus alrededores, son un fenómeno único
en la plástica nacional y latinoamericana, un grupo que –como
señala Rodrigo Alonso en el catálogo de la muestra–
“ha dejado una profunda marca en el panorama de la creación
contemporánea de nuestro país”.
Escombros realiza la mayoría de sus obras al aire libre:
una plaza; una laguna seca transformada en una cava y usada como
paredón de fusilamientos bajo la dictadura; una fábrica
derruida; un arroyo. Materiales de desecho constituyen, casi siempre,
la argamasa que les da forma. O espacios tomados, como cuando dentro
de la estética del Land Art (arte de la naturaleza), cosieron
con soga una cicatriz de 30 metros en la tierra; o cuando vertieron
agua del Riachuelo en botellas para testificar que los 1000 días
prometidos por la secretaria del Medio Ambiente para descontaminarlo,
era una mentira más.
El hábitat de todo lo vivo, la implacable pobreza, el orden
social injusto, la corrupci6n, las heridas de un genocidio que arrastró
30.000 vidas, alimentan la praxis de Escombros. Su estética
remite al conceptualismo ideológico latinoamericano, llamado
así para diferenciarlo de su híbrida matriz en Norteamérica.
Dentro de ese corpus, la palabra juega un rol tan esencial como
el objeto.
En Monumento funerario, al pie de un árbol desecado, colocaron
una lápida con la inscripción: “Aquí
no yace el cadáver del árbol que murió. Aquí
yace el cadáver del hombre que lo mató”. El
subrayado verbal no es tan obvio como aparenta: actúa resignificando
lo evidente. Como solían hacer Marx o Brecht, la paráfrasis
da sentido ideológico a lo simplemente manifiesto. País
de lágrimas, se titulan seis bolsas de plástico con
agua, expuestas en Arcimboldo. Lágrimas de los chicos que
mueren de hambre, de los que comen basura, de los que no pueden
educarse, de los que no tienen ni tendrán trabajo y les robaron
el futuro... La bolsa golpea, la palabra taladra. Diez mates argentinos,
con abundante yerba, pero de donde no podemos tomar porque, como
suele pasar con la bombilla, el acceso a todo bienestar está
“tapado”. El carro del héroe, un changuito como
los que cargan los cartoneros con su mísero contenido diario.
Está el carro, pero no el héroe porque lo vemos circular
por las venas abiertas de la ciudad: “un héroe gris,
‘cubierto de llagas’, de ‘ropa zurcida’,
que sigue viviendo aunque no tiene ningún motivo para hacerlo”.
Que resiste en un continuo presente amputado de futuro. En La estética
de lo roto, primer manifiesto del grupo lanzado en 1989, habían
escrito: “El arte no es una teoría: es un acto de libertad”.
Con empecinamiento, Escombros ha ejercido admirablemente esa libertad
que es como el paradigma de un mundo posible.
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Publicado
en: Revista TXT, 19 de diciembre de 2003, Buenos Aires
Autora: María Teresa Constantín
Mate
de lágrimas
Con el compromiso militante de siempre, el Grupo Escombros cambió
de escenario pero no de país.
En 1989 el Grupo Escombros lanzó su primer manifiesto, se
trataba de definir una estética y fijar una posición
política en un momento en el que el país –en
plena euforia de la política neoliberal del menemismo–
prefería hacer oídos sordos a la miseria imparable
que luego iba a estallar indisimulada. Optaron, en la tradición
más pura del arte político, por un arte efímero
en estrecho vínculo con la sociedad: incorporaban en sus
acciones a todo aquel –artista o no– que quisiera intervenir,
y en esa convocatoria residía parte de su poder. El sitio
elegido para sus performances, fuera del circuito tradicional, eran
los lugares públicos, a veces paupérrimos como una
cantera o el espacio inferior de las autopistas.
El grupo fue modificando sus miembros y hoy –conformado por
Altuna, Castro, D'Alessandro, Edwards, Fayad, Pazos y Puppo–
ha publicado su cuarto manifiesto y ha dado un paso hacia el mercado
exponiendo en una galeria comercial. Se trata de objetos, fotografías
e instalaciones que, amparados quizá por la realidad actual
del país, han comenzado a ser adquiridos por diferentes coleccionistas.
La instalación País de lágrimas –con
bolsas contenedoras de las lágrimas de los marginados del
país–, los mates argentinos cargados de objetos punzantes,
huesos u objetos que aluden al poder o la instalación Corrupción
–donde una gran gillette sangrante corta una pesada laja–,
muestran que, sin modificar su compromiso militante con los problemas
del país, el grupo es capaz de producir piezas en las que
el cuidado formal se alía con la fuerte denuncia sociopolítica.
Dicen que uno de sus objetos está destinado a un juez: el
futuro dirá si puede ser una medida del poder que encierran.
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Publicado
en: Revista Noticias, 27 de diciembre de 2003, Buenos Aires
Autora: Victoria Verlichak. Argentino, clásico y actual
"Arte Argentino" Museo Eduardo Sívori. Av. Infanta
Isabel 555. Buenos Aires. "Grupo Escombros” Galería
Arcimboldo. Reconquista 761. Buenos aires
Paradójica y exuberante, hoy la cultura de los argentinos
se construye a partir de la coexistencia de una abrumadora cotidianidad,
de inamovibles mitos y de un pasado que cobijaba un futuro lleno
de promesas. El arte argentino que se exhibe en la ciudad ofrece
tanto la belleza clásica de la Colección del Museo
Rosa Galisteo como el arte de concepto –cruzado por la tragedia
nacional– del Grupo Escombros.
Dentro de un programa de intercambio patrimonial entre el Museo
Sívori y los museos de las provincias del país, el
Sívori exhibe ahora 64 pinturas y 10 esculturas de arte argentino
del siglo XX, provenientes de la Colección del Museo Rosa
Galisteo, de Santa Fe. El conjunto presenta maravillosas piezas
y rarezas como el retrato de Manuel Mujica Láinez que hiciera
Jorge de la Vega, el "Retrato de una niña" de Lía
Correa Morales, el "Desnudo" de Ana Weiss de Rossi e incluye
obras clásicas como las de Raquel Forner, Juan del Prete,
Fortunato Lacamera, Emilio Pettoruti, Antonio Berni, entre otros.
Una de las obras más notables es el retrato del "Dr.
Alberto Candiotti" (1927) de Alfredo Guttero (1882-1932), un
artista representativo del modernismo de los años veinte.
Como tantos artistas, el también había visitado Europa
y conocía las sutilezas del arte moderno, que fueron traducidas
aquí como una manera de alejarse definitivamente de lo académico
y hacia un humanismo cosmopolita, utilizando la imagen figurativa.
Con aire acondicionado y frente al Rosedal en Palermo, entrada $
1; miércoles gratis.
Entre tanto, el Grupo Escombros presenta por primera vez su obra
en una galería comercial Arcimboldo (lunes a viernes de 15
a 20, sábado 11 a 13), aun cuando desde 1988 construye su
crítico trabajo en torno a los conflictos sociales y políticos
de la Argentina. Aquí se exhiben objetos y documentación
de foto performances, acciones solidarias, Land Art, manifiestos,
que abordan la cuestión de la memoria y de la corrupción
en una producción artística de alto valor simbólico.
En la muestra se pueden ver trabajos que primero fueron imaginados
y diseñados para la red net art, y que luego cobraron forma
tangible como País de lágrimas (bolsas de polietileno
transparente que contienen agua simulando lágrimas de los
que no tienen futuro); Objeto inaccesible (panes intervenidos con
púas, aplastados); y más.
El acto fundacional de Escombros –integrado actualmente por
José Altuna, Claudia Castro, Horacio D'Alessandro, David
Edward, Adriana Fayad, Luis Pazos y Héctor Puppo– fue
un graffiti, que luego constituyó el primer envío
como postal. El graffiti/mural decía: "Somos artistas
de lo que queda. Nos sorprende seguir vivos cada mañana,
sentir sed, e imaginar el agua".
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Publicado
en: Diario Ámbito Financiero, 22 de diciembre de 2003, Buenos
Aires
Autora: Ana María Quijano
Del
rigor de la calle a la galería
EI Grupo Escombros, srtistas de lo que queda, exhibe hasta fin
de año sus obras en la galería Arcimboldo. Fundado
en 1988 en la ciudad de La Plata, el grupo formado por José
Altuna, Claudia Castro, Horacio D'Alessandro, David Edward, Adriana
Fayad, Luis Pazos y Héctor Puppo, viene realizando performances
de tono político.
En el punto más álgido de la crisis convocaron a los
ciudadanos de La Plata al Bosque para que en unos cartones, estratégicamente
colgados de los áboles escribieran sus "sueños
perdidos", aquellos que no se cumplieron o "les fueron
robados", para decirlo en sus propios términos.
El resultado de la performance fue que las 1000 personas que participaron
del acontecimiento, lejos de escribir sobre las ilusiones perdidas,
dejaron un testimonio de sus esperanzas y de las ambiciones que
–creían– aún se podían cumplir.
Así obligaron a los artistas a cambiar el nombre de su acción,
que quedó registrada como El bosque de los sueños
perdidos.
También en el Bosque, esta vez con vocación ecologísta
para propiciar el cuidado de la naturaleza, vendaron 700 árboles,
y la belleza del testimonio fotográfico demuestra hasta qué
punto estos artistas son capaces de ligar la estética con
lo social.
Las obras que en estos días exponen en Arcimboldo, las bolsas
de lágrimas argentinas, los mates con la bombilla obstruida,
el carrito de los cartoneros, una mano perforada por un tornillo
y una serie de fotografías de sus acciones, impactan al espectador
con el lenguaje crudo y directo que los integrantes de Escombros
utilizan en la calle. Se trata en suma de una muestra que deja un
sabor amargo, pues han logrado trasladar –sin atenuantes–
el rigor de la calle al ámbito refinado de la galería.
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Publicado
en: Catálogo de la muestra
Esta primera muestra (Pancartas I) significa una ruptura con los
materiales típicos de la plástica actual y también
con el ámbito en el que tradicionalmente se expone la obra.
(...) Salvo excepciones que el tiempo derrotó, ningún
equipo artístico encara hoy esta actitud “desobediente”,
cuyo sentido profundo reside más en su ética que en
la “estética de lo bonito”, aceptable o decorativa.
Diario
La Razón, S/F, Pancartas I, 28 de noviembre de 1988.
A partir del dolor. Del vital dolor creativo, con la intuición
de sentir que están inaugurando un tiempo distinto Escombros,
y vale la contradicción, está construyendo un sentimiento:
el placer artístico persiguiendo al tristemente célebre
fantasma medieval, hoy tan cerca nuestro: LA MUERTE.
Juan
Carlos Romero, Pancartas II, 1988.
Contundentes en su mensaje, no nos dejan la posibilidad remota de
la indiferencia. Podemos disentir, podemos acordar, podemos hasta
compartir con ellos la experiencia, pero no lograremos después
de ver sus Pancartas, olvidar con facilidad, ni siquiera voltear
la mirada haciéndonos los distraídos.
Revista
Arte y Ciencia, S/F, Pancartas II, 1988.
Cada foto, cada una de ellas, conforman una frase que debe ser completada
con la pancarta que somos cada uno de nosotros. Así, entre
ellos y nosotros damos a luz un discurso sin ataduras ni con-vencionalismos.
Más que un discurso una declaración tan íntima,
tan desgarrada, tan desprotegida, tan expectante como la declaración
de amor entre un hombre y una mujer.
Eduardo
Gavazzi, Pancartas II, 1988.
Asociándose a aquellos actores que de pueblo en pueblo transformaban
la historia en leyenda, los integrantes de Escombros manifestarán
su cosmovisión portando pancartas. Parten del lenguaje que
poseen los pueblos para su expresión y protesta. No harán
concesiones. Golpearán.
Diario
El Día, S/F Pancartas II, 17 de diciembre de1988.
Escombros es un grupo de artistas que no pinta, ni esculpe
o dibuja. Su trabajo es siempre una performance corporal basada
en un concepto para ser transmitido y su resultado está en
sus fotos. Esta urgencia expresiva está basada en el modo
creativo del grupo: el artista de hoy, como el sobreviviente de
una cultura en ruinas, está a cargo de cuestionar el presente.
Esto es, ellos toman a la estética en defensa de la vida.
Nora
Iniesta, Pancartas I, Diario Buenos Aires Herald, 5 de febrero de
1989.
Lo que llama nuestra atención (en la propuesta del Grupo
Escombros) es el intento interdisciplinario que rompe con las exhibiciones
y espectáculos tradicionales. Este cambio de escenario entre
escombros y oquedades y a cielo abierto hace ver y sentir estas
manifestaciones artísticas de manera diferente a las propuestas
tradicionales.
Alberto
Collazo, Arte en Colombia, Nº 41, 1989.
Una de las características salientes de Escombros
es el carácter abierto de sus realizaciones. Nada se impone
a quienes participan, las convocatorias son públicas, las
obras ni se seleccionan ni se juzgan. Más allá de
los diferentes conceptos estéticos, los reúne la defensa
de los valores de la vida.
Clemente
Padín, La Hora, Montevideo, Uruguay, 1990.
Las XI Jornadas de la Crítica se clausuraron con la “performance”
del Grupo Escombros, autor del manifiesto La estética de
lo roto. (...) En una opción opuesta a la dominante, estos
artistas rechazan las tendencias formales, el consumismo, la industria
del cuadro. Se trata, en todo caso, de una alternativa antiestética
y comprometida.
Jorge
López Anaya, La Nación, 22 de septiembre de 1990.
La cantidad de participantes –público y expositores–
que se han hecho presentes en las “muestras colectivas”
del Grupo Escombros las constituyen en un fenómeno único
en la cultura argentina. Esto habla de que la propuesta posee características
suficientemente amplias y diversas como para permitir múltiples
posibilidades de identificación, y que la misma da cuenta
de una tendencia muy fuerte de la cultura en la que vivimos.
Mario
Carlón, La ciudad del arte, 1990.
Hay, en quien se propone sembrar sobre lo muerto, la voluntad de
no rendirse. Una fe apasionada en la vida. (...) Esta ética
es la columna vertebral sobre la que Escombros ha venido construyendo,
desde hace dos años, lo que el crítico Alberto Collazo
llama “el arte periférico”. Es decir, el arte
latinoamericano de los ’90.
Diario
El Día, S/F. 3 de junio de 1990.
A diferencia de otros murales, a Teoría del arte nadie le
pegó un afiche encima, ni le arrojó pintura, o lo
pintarrajeó con aerosol hasta volverlo irreconocible. Los
platenses decidieron respetarlo sea cual fuere la interpretación
que le hayan dado a esas cuatro figuras “estrellándose”
contra una pared.
Revista
Salida Platense, Año 1 Nº 7, 1993.
Escombros fue y es protagonista de acontecimientos culturales que
han trascendido los límites del país y que, fundamentalmente,
han modificado a toda una generación, a una polifacética
corriente expresiva, que encontró en sus múltiples
ofertas una alternativa sin condicionamientos para mostrarse.
Néstor
Maldonado, Revista Demos Nº 38.
La imagen de estos artistas de lo que queda, como se autodefinen
como grupo, sosteniendo ese muro que se destruye, es una metáfora
clara de un mundo desgajado, partido, resquebrajado y que sin embargo
no se cae porque permanece sostenido por las utopías.
Diario
El Día, S/F, mural “Teoría del Arte”,
1º de diciembre de 1993.
Y este año ha sido también el de la estética
heroica y magnífica de Escombros. Que no nos falte nunca.
Gabriel
Bañez, El Día, 31 de diciembre de 1995, La Plata.
Escombros programáticamente renuncia a los ámbitos
artísticos institucionales, optando por generar los propios
mediante la demarcación y apropiación de distintos
espacios urbanos desechados. En ese momento crítico para
el gobierno radical -que poco después se ve obligado a adelantar
la entrega del gobierno al presidente electo en mayo de 1989, el
grupo con sus acciones señaló la crisis económica
(desocupación, pobreza) pero también la claudicación
moral ante la falta de solidaridad social.
María
José Herrera, Nueva Historia
Argentina - Arte, Sociedad y Política, Editorial Sudamericana,
1999.
La Federación Argentina de Trabajadores de Prensa
(Fatpren) y el grupo cultural platense Escombros, colocarán
una placa recordatoria de mármol, mientras que en torno al
monumento, que representa una máquina fotográfica,
se instalarán estandartes en cuya parte superior están
grabados los ojos de Cabezas y un texto que indica: “Veo al
hombre que ordenó mi muerte/ Veo al hombre que me está
matando/ Veo a mis padres pidiendo que no me olviden/ Veo a mi mujer
esperándome en vano/ Veo a mi hija creciendo sin mí/
No veo al hombre que me haga justicia.
Diario
El Día, S/F, 17 de enero de 1999.
Definida como escultura ecológica, Pájaros fue declarada
de interés municipal. El presidente del Comité de
Ecología del Concejo Deliberante, Luis Patiño (Frepaso),
manifestó que “los motivos de su creación lo
convierten en un objeto de conciencia, teniendo como finalidad la
defensa de aquellos valores que representan a la vida”. La
obra, por su contenido, responde a la filosofía de Escombros
expresada en su manifiesto La estética de la solidaridad:
“Un animal es una persona con otra forma”...“Toda
forma de vida tiene derechos”...“Humano es todo lo sintiente”.
Diario
El Día, S/F, 1º de octubre de 1999.
Hijo de tiempos duros, su obra es de hondo contenido humano y producto
de un militante compromiso con la vida. En sus once años
de vida ha participado de eventos internacionales dando voz a los
excluidos, a los amordazados por la situación social y política,
a los defensores del medio ambiente y de la calidad de vida para
todos. La distinción que significa ahora el ser invitados
a la prestigiosa Bienal de La Habana se suma a los reconocimientos
recibidos en su ya dilatada trayectoria.
Diario
El Día, S/F, 2000.
El Grupo Escombros, cuyas propuestas de acciones e intervenciones
urbanas de carácter solidario así como de denuncias
ligadas a un contexto socio-político, emplazarán en
el Pabellón Cuba un contenedor con basura radioactiva, que
envían los países desarrollados, y a veces se pierden
en el mar, causando graves desastres ecológicos.
Laura
Feinsilber, Diario Ámbito Financiero, 7 de diciembre de 2000.
Debemos agradecer la transparencia de estas iniciativas comunitarias,
que los colocan al frente de los acontecimientos socioculturales
de La Plata, Ciudad de los Poetas. ...”Noticias” como
esta –en estos momentos del mundo– dignifican una vez
más el sentido universal de la Poesía.
Ana
Emilia Lahitte, El Sembrador de Soles, 2002.
Cierta vez R. M. Rilke le preguntó a Rodin: “¿Cómo
se debe vivir la vida, maestro?” A lo que Rodin contestó:
“Trabajando”. Y se ve que ustedes son tipos de laburo.
Así que les agradezco sus murales callejeros, etc., etc.
En la Argentina de hoy quizás los decires de Rilke y Rodin
suenen medio disparatados porque desde la dictadura hasta hoy han
querido y quieren diezmarnos en nuestra dignidad. Pero no van a
poder.
José
María Pallaoro, poeta, 2002.
Escombros presentó en la muestra su Pizza
de poesía concreta, juegos en los que con humor, sarcasmo
y a veces también con dolor, rescatan aspectos de la realidad
que reproducen a través de letras, no palabras, apelando
a distintas fuentes y a todas las posibilidades que da la informática.
V
Encuentro Internacional de Poesía Visual, Sonora y Experimental,
La Plata , Diario El Día, 23 de octubre de 2002, La Plata.
El primer manifiesto de Escombros, llamado La estética de
la solidaridad, de 1989, fue publicado en plena hiperinflación,
cuando se comenzó a agudizar la falta de solidaridad social,
y actuó como una forma de asumir un compromiso político
y social frente a la realidad.
Polimodal,
Cultura y Estéticas Contemporáneas,
Puerto de Palos Casa de Ediciones, 2002.
F. M. Raíces 89.9 es una radio comunitaria. Su nacimiento
está hermanado con el Hogar Pantalón Cortito. Con
esta cartilla lo estamos invitando a participar de nuestro festejo.
Compartiremos mate, tortas fritas y empanadas. Participarán
artistas populares. Participará el Grupo Escombros, artistas
de lo que queda.
Anuncio
para el 10º aniversario de la creación de la Radio Raíces,
durante el cual Escombros inauguró el mural La sangre derramada.
21 de diciembre de 2002.
El Grupo Escombros moviliza a la ciudad cada vez que expone obras
en contra de la corrupción y la injusticia social y a favor
de la solidaridad y la ecología. (...) Si bien ha participado
de muchos eventos en distintas ciudades del país y del mundo,
Escombros es “voluntariamente local”. Es decir, trabaja
con y para la gente de La Plata.
Diana
Pazos, Revista La Pulseada Nº 10, abril de 2003.
Un extenso público sigue al Grupo Escombros: a caballo, en
coche, a pie. Vienen de otras provincias a participar de sus acciones.
Para algunos (psicólogos) es lo siniestro freudiano lo que
rehabilita el grupo. Para otros grupos (de extracciones sociales
más bajas) es la fiesta, la huella popular, el nuevo carnaval
bajtiniano. Para muchos artistas es la posibilidad de compartir,
cuestionar, criticar el sistema.
Zulema
Moret, conferencia pronunciada en el Albion College,
Michigan, Estados Unidos, 2003.
Potenciadas entre sí las obras se resignifican. El alimento
se hace obsceno, indigerible. Como el pan, ese Objeto inaccesible
con el que el Grupo Escombros subraya la desnutrición y también
revisa –por ser su causa– la última dictadura
militar.
Sibila
Camps, Diario Clarín, 1 de agosto de 2003.
Con una estética clavada en el corazón de su tiempo,
el Grupo Escombros, artistas de lo que queda, viene desde hace años
zamarreando la conciencia de los argentinos desde aquel mural inexplicablemente
demolido de la avenida 7, a sus convocatorias masivas o sus intervenciones
en el arte callejero desde los años duros. Siempre apostando
a la defensa de los derechos del hombre a vivir en libertad, expresarse,
habitar ambientes saludables, educarse, y también los más
primarios y elementales: el de una vivienda digna y el de alimentarse.
Diario
El Día, Lalo Painceira, 17 de julio de 2003, La Plata.
El Grupo Escombros expresa desde el comienzo sus formas de producción:
los espacios públicos, su propia corporeidad, el registro
fotográfico, el transeúnte.
Su poética como un acto de libertad realizado por el artista
asumido como superviviente. La construcción de sentido a
partir de la experimentación y la participación de
los receptores que acompañarán el o los sentidos de
sus marcas. El escombro, la ruptura, la vulnerabilidad como metáfora
directa del hombre en el mundo actual, la condición de lo
efímero.
María
de los Ángeles de Rueda, Arte & Utopía -
La ciudad de las Artes Visuales, Asunto Impreso Ediciones, 2003.
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Publicado en: Diario Ámbito Financiero, 12
de enero de 2004, Buenos Aires
Autor: Jorge Glusberg.
Hay
buen arte con forma de Escombros
Luego de atravesar un acogedor jardín de acceso –diseñado
por el arquitecto Livingston–, se ingresa a “Arcim-boldo”,
donde el Grupo Escombros exhibe su muestra. La galería de
arte dirigida por Pelusa Borthwick (Reconquista 761), está
casi enfrentada con el espacio donde funcionó el CAYC (Centro
de Arte y Comunicación) desde 1969.
Escombros se formó en 1988 con la participación de
varios artistas y, aunque actualmente está integrado por
José Altuna, Claudia Castro, Horacio D’Alessandro,
David Edward, Adriana Fayad, Luis Pazos y Héctor Puppo, se
propone como un conjunto abierto. Así lo explican en su primer
manifiesto, La estética de lo roto (1989), “Somos un
grupo abierto y horizontal. La cantidad de nuestros integrantes
no es fija ni tiene límites. Todos, sin excepción,
tenemos derecho a opinar y decidir”.
Sus miembros –no sólo artistas, también arquitectos,
diseñadores, periodistas–, desde su creación
no se identifican individualmente sino como grupo. En sus inicios,
vinculados con el arte público y al análisis de la
situación política y social, se plantearon qué
va a quedar del país. De ahí, el concepto Escombros,
con el que firman su primer graffiti: “Somos artistas de lo
que queda. Nos sorprende seguir vivos cada mañana, sentir
sed, e imaginar el agua”.
En sus quince años de trayectoria, han ido planteando sus
reflexiones sobre la realidad social, sin limitarse a una única
vía de comunicación. Realizaron murales e instalaciones,
pero también charlas y manifiestos. Entre sus múltiples
acciones al aire libre, interesa destacar El sembrador de soles,
del 30 de noviembre de 2002, en la Plaza Islas Malvinas de La Plata.
La obra fue el resultado de una convocatoria a poetas de la región,
quienes llevaron a cabo una plantación de 500 soles, pero
también participaron ciudadanos de la más diversa
condición y edad, dejando sus huellas y escribiendo frases,
textos breves, cartas y poemas, sobre círculos de cartón
amarillo desplegados sobre el césped. Fue un gran encuentro
abierto, que planteaba la reivindicación del sol y la poesía
para “curar lo enfermo, reparar lo roto, reconstruir lo destruido
y resucitar lo muerto”. Aunque desligado de los espacios y
redes institucionales y más identificado con obras al aire
libre, en la galería, el grupo está exponiendo fotos,
instalaciones y objetos.
No se trata de “objets trouvés” duchampianos,
sino objetos muy terminados, a la manera de las bellas artes. Es
el caso de La condición humana, realizado en acero al cromo,
símil piedra, mármol. Un tornillo de acero atraviesa
el centro de la palma de una mano, como metáfora de la resistencia
que proponen en su último manifiesto. El carro del héroe,
en metal, madera y cartón, recuerda el arte povera de los
italianos de los setenta, y los marcos de plomo que rodean una serie
de fotos expuestas rememoran el mejor estilo del escultor norteamericano
Richard Serra.
En el segundo manifiesto, La estética de la solidaridad (1995)
el grupo sostenía que “El artista solidario es un testigo
de cargo. Es el dedo acusador que señala a la sociedad, el
mayor de sus delitos: la indiferencia”. En La estética
de lo humano (2000) afirman “El arte que no sirve para la
vida está muerto”. Ligada a los conceptos de este manifiesto,
País de lágrimas, es otra de las obras expuestas,
donde las lágrimas representan la desigualdad y la exclusión
social. El agua en las bolsas de polietileno, alude a las lágrimas
de los desprotegidos y olvidados de nuestro tiempo.
En su Estética de la resistencia (2003) dicen “En el
arte de la resistencia no hay espectadores. Se hace entre todos
o no se hace”. Afirmaciones como éstas acercan las
propuestas del grupo a las reflexiones de Joseph Beuys (1921-1986).
Si todo artista verdadero es hijo de su tiempo, Beuys, que desarrolló
su obra en la segunda mitad del siglo XX lo fue como pocos. Beuys
deseaba el renacimiento de la humanidad a través del arte,
es decir, con la movilización de aquella energía creadora
que cada hombre trae al mundo, según el lo reiteraba.
Esa fuerza poderosa impulsa la transformación de las sociedades
en lo político, lo económico y lo cultural, venciendo
obstáculos y fronteras. Por tales razones “es preciso
que el artista, que ante todo es un hombre, fuese inmediatamente
después un ciudadano”. Así trabajó Beuys
y el suyo es, en este sentido, un caso único en nuestro tiempo:
el del artista como ciudadano. La obra de este gran creador alemán
adquiere una dimension especial que la torna resistente a cualquier
tentativa de encasillamiento o categorización. Creía
en lo que creaba, y creaba para aquello en lo que creía:
he ahí, en resumidas cuentas, la ideología de Beuys.
Pero creía en la libertad y la paz, y buscaba, de manera
incesante, representarlas. Por ello, de todas las fuentes beuysianas,
el chamanismo es quizá la más decisiva, porque entraña
desenvolvimiento y transformación, una alquimia mística,
pero también práctica indiscutiblemente el artista
es algo así como el chamán de las sociedades contemporáneas.
Si bien el chamán no produce objeto alguno –en las
sociedades primitivas, era poeta y alfarero–, trabaja, como
el artista, en una actitud de entrega a su comunidad.
Con este compromiso, despierta en los demás conductas receptivas
a sus mensajes, de modo similar al artista y sus obras, que sólo
son tales cuando el espectador las comprende y las inter-naliza.
En el Grupo Escombros, “la contribución de la gente
ha sido siempre un rasgo esencial para sus propuestas”, dice
Rodrigo Alonso en el prólogo a la muestra, “incluso
en aquellas realizadas para salas de exposición u otros ámbitos.
En cada una de sus exhibiciones, la presencia de los miembros del
grupo es indisociable de las obras, ya que ambos forman parte del
mismo proceso de pensamiento. Así lo demuestran las múltiples
acciones que forman parte del repertorio del grupo. Se trata, en
gran medida, de poner el cuerpo, (...)”. Prueba del reconocimiento
que ha alcanzado Escombros son las invitaciones que han recibido
para presentar sus obras en dos importantes espacios, en el curso
de este año.
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Autor:
Raúl García Luna
Leído en la presentación del Cuarto manifiesto
Lugar: Galería Arcimboldo. Buenos Aires
Fecha: 2 de diciembre de 2003
Carta
Abierta a “Escombros” en Arcimboldo
Es para mí un honor presentar el cuarto manifiesto del Grupo
Escombros, subtitulado La estética de la resistencia. Sobre
todo porque mi actual afinidad ideológica con este manifiesto
es algo así como una cura en salud, y en buena hora. Es que
se trata, por decirlo con todas las letras, de un asunto personal.
Y ya sabemos que no hay nada que no sea “personal” en
este mundo, el único mundo que nos toca habitar. De manera
que mi módica presentación no eludirá aspectos
personales, ni políticos, ni éticos, ni estéticos
que son, en definitiva, los cuatro ejes de las ruedas de Escombros.
Ergo, en principio dedico estas palabras a dos miembros fundadores
que no duraron en el grupo, y que tampoco figuran en sus memoriales.
Una mujer que le puso nombre al intento (“Escombros”)
y un hombre que imaginó su credo (“artistas de lo que
queda”). Salud, compañeros de ruta.
Eran los días de la “recuperación democrática”
y ya había disidencias de forma y fondo dentro del grupo.
Una línea que proponía la franca desconfianza en los
poderes constituidos, y otra que tendía a reprocesar lo vivido
en consonancia con la “fiesta de todos”. Y era natural
que así ocurriera.
La solución no fue ni gentil ni salomónica, pero Escombros
echó a andar, y eso es lo que importa aquí y ahora.
Y eso es lo que me permite, si se me permite, dar fe de una contradicción
iniciática que los acontecimientos no tardarían en
arrastrar rumbo a una síntesis superadora, que yo celebro.
Y es esa síntesis realista y creativa, ni vanguardista ni
a retaguardia de los conflictos sociales, la que hizo de Escombros
lo que Escombros es: conciencia y esencia, crónica y acompañamiento,
pensamiento y acción. Con las armas del arte, por supuesto.
No abundan los artistas “reaccionarios” en el sentido
“burgués” de la palabra, y cabe recordar que
a esos dos términos ya los empleaban los artistas mucho antes
que Karl Marx. Y no en obvia referencia a los habitantes de los
burgos que se deslomaban para capitalizarse, sino a sus pares del
oficio que se rendían ante el Capital por 30 denarios.
Entonces, ¿hay o no un arte “reaccionario”? Sí,
lo hay: es el que le da la espalda a su época y lugar, a
sus congéneres y hasta a su propio corazón. Es ese
arte que, quizá bello pero sólo decorativo, no guarda
nada para sí ni para los demás, anteponiendo sus ansias
de figuración a su verdad profunda. No es el caso de Escombros.
Hay que tener coraje para manifestar, contra toda injusticia y desmemoria:
“Subversivo no es el piquetero que corta una ruta, el ahorrista
que golpea la puerta de un banco, el obrero que se declara en huelga
o el estudiante que toma una facultad. Subversivo es el político
que desprecia el bien común para pensar en su propio bien,
el banquero que se queda con los ahorros de la gente, el empresario
que vacía su empresa, el gobierno que recorta el presupuesto
de educación y salud” (cuarto manifiesto, pág.
9).
Porque ahora que ya hemos derrocado al delarruismo neoliberal continuista
del menemismo neoliberal con la enorme ayuda de las asambleas barriales
y los piquetes, pareciera que éstos son “el enemigo
del pueblo”. Ah, claro: ahora, los pequeño-burgueses
queremos “descansar”, y que de la política se
encargue Kirchner...
Error. Porque si es verdad lo que dice el manifiesto escombrista,
que “el voto es un cheque en blanco entregado al Poder”,
no menos cierto es que “resistir es pelear”, e incluso
que “el indiferente también es un dominado”.
Y desde luego que no sólo se trata de avanzar sobre el Poder
en legítimo reclamo de un futuro imprevisible, sino también
de un presente intolerable. “Resistir hoy, imponer mañana”,
dice el cuarto manifiesto (pág. 11), sin llegar al extremo
de proponer algo más que “resistir hasta que llegue
el día que, por obra y gracia de la resistencia, surja un
país más justo”.
Y bien, todos sabemos que ese “país más justo”
no saldrá de un zapallo entre gallos y medianoche, sólo
por la buena voluntad de un mejor gobierno. Entonces, ¿qué
hacer? ¿Comprometer, vigilar, presionar, negociar? ¿Tomar
el Poder, llegado el caso? ¿A qué está dispuesto
el ciudadano medio, a qué los excluidos del sistema, y a
qué el sistema mismo?...
Entretanto, los hoy desafortunadamente “mal vistos”
piqueteros construyen huertas comunitarias, comedores infantiles,
salas de primeros auxilios, panaderías, fábricas de
zapatillas, centros de “aguante”. Todo lo que un gobierno
bien habido debería hacer para comenzar a terminar con la
miseria del 72 por ciento de los argentinos que la falsa globalización
barrió bajo la alfombra.
Entretanto, los hoy afortunadamente “bien vistos” escombristas
producen tajos en la tierra, árboles heridos, mares de basura,
panes torturados, lágrimas envasadas, mates imbebibles, sillas
de poetas ausentes, juguetes solidarios, muestras de participación
masiva y activa, poesía visual, metáforas, memoria.
Unos en el inclemente campo popular, otros también en el
riñón de la cultura oficial. Y ambos poniendo el cuerpo
por lo mismo, nos gusten o no su formas de expresión y su
mensaje de fondo. Finalmente, las “molestias” callejeras
son una tontería comparadas con el hambre y la marginación
de millones. Así que No a la represión y Sí
a la comprensión.
Porque como insiste Escombros:
“El dato más optimista en la Argentina de hoy es que
no sabemos qué nos sucederá mañana. Esto quiere
decir que el proyecto totalitario es todavía eso: un proyecto”.
Así que basta de chivos expiatorios y adelante, que ya “No
se trata de ser crucificado, sino de quemar las cruces”.
Por todo esto: gracias, Escombros.
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Publicado
en: internet, revista virtual Sitearte
Autora: María Laura Ferrari
La exposición se encuentra integrada por objetos, instalaciones
y fotografías de gran crudeza, con un mensaje claro y directo. Son
obras que trazan un recorrido entre las fotografías de los años
1988-1989 y las últimas producciones en un vaivén que reflexiona
sobre los crímenes de estado de los años setenta y las condiciones
sociales de los argentinos más pobres y marginales de estos últimos
años. Como reza su cuarto manifiesto “El héroe de la resistencia
es todo aquel que sigue viviendo aunque no tiene ningún motivo para
hacerlo”, cada obra de este colectivo se dirige llanamente a mostrar
la crueldad de los hombres sobre los hombres mismos.
Así, mediante la inserción de la producción estética en las problemáticas
sociales, construyen un discurso que apela a un comportamiento más
ético entre los hombres. Su instalación País de lágrimas es una
clara muestra de ello. Seis bolsas de plástico contienen agua de
las lágrimas de los menos favorecidos por la política económica
de nuestro país.
También, en La condición humana, el gesto es sencillo y despojado
pero contundente, una mano atravesada por un tornillo industrial:
una cita a la iconografía cristiana que transforma en mártires a
los trabajadores.
De esta forma, con claras metáforas, el Grupo Escombros hace su
llamado a la reflexión sobre la crueldad que hay en cada uno de
nosotros en la lucha por seguir viviendo.
Publicado
en: La Nación, Sup. Vía Libre
El Grupo Escombros, está formado por artistas platenses.
Para el poeta del grupo, Luis Pazos, la idea fue “crear un
grupo de arte en la calle que no dependiera de ninguna institución
política, religiosa ni artística. Para tener libertad
de expresión”. Estos artistas de lo que queda, como
ellos mismos se definen, usan sus cuerpos y elaboran un concepto
estético que representan a partir del arte callejero.
La autogestión, la interrelación entre redes, la financiación
entre sus propios miembros, lo comunitario y la difusión
por medio de Internet, son algunos de los ejes que posibilitan su
existencia. A partir de estas redes es desde donde parecen vislumbrarse
las semillas de la organización, de la acción estética
y política de lo que representará la cultura de la
década del 2000. ¿Unidos o dominados? Sí, mejor
unidos.
Guía
completa de colectivos artísticos y sus recorridos
Escombros es un grupo de La Plata que trabaja
hace más de diez años. Realizan performances al aire
libre, porque el material más barato es el cuerpo. Lo que
queda es el registro fotográfico. Es un arte callejero, efímero.
Comenzaron con este nombre con la ilusión de que el país
cambie y que algún día puedan mutarlo. Actualmente
presentan su primera exposición en una galería de
arte (Arcimboldo, Reconquista 761) donde presentaron su cuarto manifiesto
La estética de la resistencia.
Indice |

Documentos I |
 |
El
Bosque de los Sueños Perdidos |
 |
Pizza
de Poesía Concreta |
 |
El
Sembrador de Soles |
 |
El
Gran Sueño Argentino |
 |
Grupo
Escombros: Creador de conciencia |
 |
Objeto
Inaccesible |
 |
Guiso
Argentino |
 |
Entre
lo parainstitucional y la reactivación de la esfera pública |
 |
Juguetes
Solidarios |
 |
Escombros
en ISalud |
 |
La
silla del poeta |
 |
Grupo
Escombros: Intervenciones en el espacio público |
 |
Escombros
en Arcimboldo |
 |
El
colectivo de arte Escombros y sus intervenciones públicas |
 |
Proyecciones
hacia los '90 |
 |
La
ciudad desde las artes visuales |
 |
|