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Críticas, textos propios, notas periodísticas
2002 | 2003



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Escombros en Arcimboldo

Título: Escombros en Arcimboldo
Género: Muestra Antológica
Lugar: Galería Arcimboldo, Buenos Aires
Fecha: 24 de noviembre de 2003 al 10 de enero de 2004


Publicado en: Catálogo de la muestra
Autor: Rodrigo Alonso. Crítico de arte / Profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA) / Profesor del Instituto Universitario Nacional de Arte (IUNA) / Profesor del Media Centre d’Art i Disseny (MECAD) de Barcelona


Como muy pocos colectivos de artistas en la historia del arte argentino, el Grupo Escombros ha mantenido una producción y una coherencia artística notables. Aun cuando su conformación se ha modificado levemente con el paso de los años –en la medida lógica de los procesos orgánicos que alcanzan también a los artistas– su persistencia en la creación de un arte de compromiso político, frecuentemente al margen de las instituciones, ha dejado una profunda marca en el panorama de la creación contemporánea de nuestro país.

Sus obras abrevan en el contexto socio-político, pero también en las necesidades cotidianas y en la memoria colectiva. Recurren a un lenguaje de formas simples, de objetos comunes y figuras reconocibles, porque no se proponen como meta impactar únicamente en los espacios de circulación de la producción artística actual, sino además, trascender los lenguajes herméticos y la experimentación formal de tal circuito en la búsqueda de un público amplio y participativo.

Sus propuestas reclaman una reflexión crítica y el interés en los problemas y acontecimientos más urgentes de nuestro tiempo. No adscriben a la autonomía del arte; por el contrario, son partidarios de una producción de repercusión social positiva, en diálogo permanente con el mundo, capaz de despertar conciencias y avivar el pensamiento. Así lo han demostrado, desde sus primeras incursiones en el espacio público a sus actuales intervenciones en Internet, pasando por sus “objetos de conciencia”, sus convocatorias participativas, sus manifiestos, sus afiches o sus murales. Todo medio es adecuado en tanto pueda convertirse en portador de ideas y anhelos.

Esta actitud constante del Grupo Escombros atraviesa, paradigmáticamente, la apoteosis neoliberal del gobierno menemista y la crisis posterior. En esta especial coyuntura, su arte encuentra un terreno fértil para profundizar la veta social, a veces como compromiso con causas culturales o ecológicas, otras veces como ayuda solidaria o creación de ámbitos para la expresión comunitaria. Sus acciones dejan marcas en la ciudad, en sus rincones y en su gente. Como mensajeros de una estética solidaria y de resistencia, de compromiso y hondamente humanista, su trabajo se integra al entramado cívico abogando por una transformación a través del arte.

Sus primeras producciones fueron principalmente llamados a la libertad y a la participación creadoras. Tomaron como punto de partida la situación de los artistas en una sociedad que tiende a obturar sus expresiones encauzándolas a través de ámbitos cerrados y de escasa resonancia.

Frente a este panorama, el Grupo Escombros organizó las manifestaciones de artistas más abiertas y multitudinarias que se hayan realizado hasta la fecha, generando un entorno de libre exposición que aunó la labor de cientos de realizadores. Su labor se limitó a conseguir y gestionar los espacios; el resto corrió por cuenta de los artistas invitados a partir de una convocatoria abierta e irrestricta.

Estas primeras experiencias ponen de manifiesto el excelente poder organizativo que ha caracterizado al grupo en sus múltiples propuestas participativas. A esas convocatorias para artistas, siguieron otras dirigidas a la sociedad en su conjunto, que involucraron a un amplio espectro de personas a reflexionar y actuar en relación con temas políticos, culturales, históricos o ecológicos.

La contribución de la gente ha sido siempre un rasgo esencial de sus propuestas, incluso en aquellas realizadas para salas de exposición u otros ámbitos institucionales. En cada una de sus muestras, la presencia de los miembros del grupo es indisociable de la exhibición de las obras, ya que ambos forman parte del mismo proceso de pensamiento. Así lo demuestran también las múltiples acciones que forman parte del repertorio artístico del grupo. Se trata, en gran medida, de poner el cuerpo, de llevar la obra más allá de sus límites materiales, de ampliar su radio de influencia hacia el pensamiento y el discurso, de no permitirle descansar cómodamente en el regazo de una institución.

Una parte importante de la producción de Escombros se imbrica explícitamente con acontecimientos sociales y políticos. Nombra el terrorismo de Estado, la desocupación, el hambre, la represión. Establece con detalle una relación con situaciones concretas, las denuncia, no las calla. Aun a riesgo de ser tildados de panfletarios o de escasamente artísticos, insisten en una estética que no hace oídos sordos al contexto con el que interactúan cotidianamente.

Sin lugar a dudas, en este compromiso permanente se funda una de sus máximas fortalezas como grupo, la que les ha permitido persistir en la labor conjunta atravesando las imposiciones formales y las modas. Una mirada al conjunto de su producción no hace sino reforzar esta teoría. A más de una década de su formación, la obra del Grupo Escombros es una de las más singulares que ha dado el arte argentino de los últimos años, tan singular que no termina de encontrar su lugar en las historias oficiales que han clausurado y estandarizado la producción reciente. ¿Acaso no es esa la mejor prueba de su vitalidad?

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Publicado en: Catálogo de la muestra
Autor: María de las Mercedes Reitano. Dra. en Historia del Arte / Directora de Cultura, Secretaría de Extensión Universitaria UNLP

Entre la esperanza y la desesperación

Fotos, objetos, instalaciones. Géneros artísticos distintos, propuestas estéticas distintas, y sin embargo, coherentes. Las obras expuestas por Escombros en Arcimboldo tienen un hilo conductor: la condición argentina. Por eso, más allá del análisis crítico, la primera lectura que hay que hacer es estrictamente ideológica. Aquí están, convertidas en obras dolorosas, hasta crueles, las etapas más dramáticas de la historia reciente de nuestro país: del terrorismo de Estado a la desocupación y de la extrema pobreza a la corrupción.

Cada obra, más allá de su contundencia, está poblada de símbolos. El carro del héroe, por ejemplo, es un típico carro de cartonero. Pero a la vez es mucho más que eso. El color gris que lo vuelve espectral, que casi lo hace desaparecer como objeto, es el color exacto de la pobreza. El pobre no está en el circuito económico, no está en el futuro, no está en el mundo. Son los nuevos desaparecidos.

Las fotos que muestran las performances realizadas por el grupo entre 1988 y 1989 expresan, con absoluta crudeza, el horror de la tortura, los asesinatos masivos, los campos de concentración, los fusilamientos clandestinos, los suicidios simulados, las desapariciones. Todo esto, que fue conocido en su momento como “los años de plomo”, está sintetizado en los marcos que encuadran las fotos: no es por simple estética que son, precisamente, de plomo. La corrupción está mostrada como una herida que mana sangre. Una hemorragia producida por una hoja de afeitar monstruosa. Frente a esta obra es inevitable pensar en la hemorragia económica que significó para la Argentina las coimas, las privatizaciones truchas, la compra de conciencias, los sobresueldos de los funcionarios, el desvío de las partidas, la financiación de las campañas electorales con fondos del Estado.

Es de una lógica implacable que una de las instalaciones sea País de lágrimas. Tanto abuso de poder, tanta indiferencia, tanta impunidad, terminan en llanto. Llanto de pena, es cierto. Pero también de rabia, de impotencia, de tener que admitir que la realidad no se cambia solo con desearlo. Los buenos deseos, los discursos encendidos y los gestos simbólicos, son sólo eso. Los responsables de la tragedia argentina son inmunes al pensamiento mágico.

País de Lágrimas

Por todo esto, la instalación Mate argentino es la síntesis perfecta. Las bombillas que hacen imposible beber la bebida nacional por excelencia son el símbolo irónico, impiadoso, de la verdad última: mientras se mantengan estas condiciones, es imposible construir un proyecto de país. Y mientras no tengamos un proyecto de país estaremos a merced de los saqueadores del mundo. Sean quienes fueren.

Mate Argentino

Muestra dura, implacable, creadora de conciencia. Y sin embargo, con un amplio lugar para la esperanza. Para encontrar la solución lo primero es plantear correctamente el problema. Esta es la Argentina que tenemos dice Escombros. De aquí en más habrá que ver cómo la cambiamos.

Para empezar, resistiendo. Actitud simbolizada en La condición humana: una mano de piedra atravesada por un tornillo de acero. El dolor infinito; la resistencia infinita.


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Publicado en: Catálogo de la muestra
Autor: Emir Reitano / Historiador

Mate argentino

Desde los remotos orígenes nuestro país se construyó sobre antinomias reales, ambigüedades absurdas y utopías imposibles. La misma creación del Virreinato del Río de la Plata fue realizada sobre la unificación arbitraria de regiones tan diversas como imposibles de unificar, fruto de una política que como único objetivo tenía el de frenar la expansión portuguesa en el área rioplatense. Los españoles no pudieron tragar a los portugueses.

Esas mismas regiones al llegar la hora de la independencia buscaron en vano la unidad imposible dejando como corolario el desmembramiento del Virreinato, y la larga lucha civil entre Unitarios y Federales. Ellos tampoco se podían tragar entre sí y el resultado fueron los duros años del Rosismo y su impronta autoritaria. La unidad nacional llegó de la mano de otra utopía: la federalización del país. Por ella se volvieron irreconciliables las posturas económicas del interior ante la abrumadora avalancha comercial agroexportadora que se impuso desde Buenos Aires. Sin embargo, los porteños jamás pudieron succionar al interior.

Ya en el siglo XX el modelo liberal tuvo que agrandar su espacio político y dejar a los radicales el poder para evitar una nueva lucha fraticida. Pero en este caso tampoco los conservadores pudieron tragar a los radicales y el corolario fue el golpe de estado de 1930. Ante la irrupción del peronismo y con él, la llegada de los sectores populares a nuevos escaños de la sociedad, los conservadores y los radicales no pudieron beber ese trago desagradable de “los cabecitas negras” en el poder. El resultado de esa rivalidad sangró a la Argentina por más de treinta años en donde unos devoraron a los otros. A partir de los noventa la sociedad argentina se fragmentó de manera tal que los bandos son múltiples y dispersos, pero ninguno puede tragar al otro y las alianzas parecen cada día más mezquinas y fragmentarias dentro de una nación que no logra superar aún su crisis interna.

Tal vez la terrible realidad de esta nación se refleje en su bebida nacional y en el accidente más frecuente que ella pueda originar: la bombilla tapada. Esa nación rica en sus propios recursos, productora de alimentos, en donde la mitad de la población se muere de hambre y donde los unos no pueden tragar a los otros, se asemeja tristemente a un mate tapado. Un manjar delicioso, humeante y aromático, al que por una absurda obstrucción no podemos acceder.


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Publicado en: Revista La Nación, 14 de diciembre de 2003, Buenos Aires
Autora: Diana Fernández Irusta

Artistas de lo que queda

Nacido en 1988, en la incertidumbre de la hiperinflacion, el Grupo Escombros hace de la crisis el gran tema de su producción artística. Hasta fines de este mes, sus últimos trabajos se podrán ver en la galería Arcimboldo.

Quince años es mucho tiempo. Más cuando se trata de sostener un proyecto colectivo. Sin embargo, los platenses que integran el Grupo Escombros –José Altuna, Claudia Castro, Horacio D’Alessandro, David Edward, Adriana Fayad, Luis Pazos, Héctor Puppo– lograron mantener desde 1988 una propuesta artística basada en la autogestión, la intervención en espacios no convencionales y la idea de que el público bien puede ser coautor de las obras.

Nacieron como equipo de creación artística en el fatídico año de la hiperinflación. Precisamente, su nombre y el convencimiento de que son artistas de lo que queda vienen de la oscura sensación de derrumbe que los sacudió en ese momento, cuando se preguntaban ¿qué va a quedar de todo esto? Los fundadores del grupo pasaron por dos instituciones clave de la renovación artística de los años sesenta: el Instituto Di Tella y el Centro de Arte y Comunicación. Por cierto, la herencia sesentista se les nota. La gente de Escombros –de muy variada edad y formación– recupera con plena conciencia algunos aspectos característicos de las neovanguardias plásticas de aquellos años. Una es la vocación por la intervención pública (tanto por medio de acciones en plena calle como con la redacción de manifiestos grupales). Otra, la convicción de que el arte y la vida deben encontrarse y volverse una única cosa.

Coherentes con esta perspectiva, en sus primeros tiempos se abocaron a la realización de obras efímeras. ¿Qué menos permanente, por ejemplo, que cientos de banderas clavadas en el césped de plaza Francia, con la inscripción Ay, patria mía, destinadas a que la gente se las lleve una a una? O la convocatoria El bosque de los sueños perdidos, en el bosque de La Plata, en la que invitaban a los asistentes a escribir sus deseos en cerca de 500 círculos y rectángulos de cartón.

A diferencia de las vanguardias históricas, Escombros no busca provocar a su público, sino incorporarlo a la tarea de “hacer que los pensamientos se transformen en objeto artístico”, afirma Luis Pazos, uno de los integrantes del grupo. Entonces, aunque la estructura de la obra sea efímera, las emociones y reflexiones que genera no lo son. En esta búsqueda, el compromiso con la realidad del país y la memoria colectiva es permanente. Por eso, aunque no busquen violentar al espectador, los artistas no eluden la crudeza visual en muchos de sus trabajos.

En el último tiempo, este tenaz equipo de arte callejero comenzó a incorporar objetos a su mundo expresivo. Buen ejemplo es la obra La condición humana: una mano de piedra atravesada por un tornillo de acero (alusión al dolor, la capacidad de resistencia, la crueldad del mundo técnico).

Con estas piezas, los artifices de Escombros emprendieron el camino hacia los espacios cerrados. Tras participar en muestras organizadas por el Centro Cultural Recoleta y el Museo de Arte Moderno presentan, hasta fines de este mes, una exposición en la galería Arcimboldo. Pero el gusto por la intervención directa no se les va: “Estos espacios de exposición son interesantes –comentan. Pero nuestra expectativa es seguir trabajando en la calle”.


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Publicado en: Revista Ñ, 13 de diciembre de 2003, Buenos Aires
Autor: Alberto Giudici

Una estética que golpea

“Arte de lo que queda” es la frase con la que el Grupo Escombros define su trabajo, que denuncia de forma implacable, las miserias de la Agentina.

Hace quince años, el 28 de noviembre de 1988, tuvieron su bautismo bajo la autopista, en Paseo Colón y Cochabamba. Aunque era una acción, Pancartas I, que duró ese solo día, la llamaron ‘’muestra” porque hicieron de ese lugar un espacio de arte fuera del circuito sacralizado de las salas de exposición. Clavaron sobre montículos de tierra 15 pancartas con fotografías de performances realizadas en Buenos Aires y La Plata. Y como corresponde a toda inauguración, para el vernissage pusieron una mesa con un fino mantel blanco y sirvieron vino a los casi 200 asistentes. Entre ellos, “tacheros” que paraban sorprendidos, bajaban, se tomaban una copita y seguían viaje...

Ahora, por primera vez, realizan una muestra grupal de sus obras más recientes en una galería, Arcimboldo, quizás porque ésta dispone desde hace un año de un Gabinete de Arte y Política que de alguna manera define un propósito que les es afín.

En rigor, su irrupción había ocurrido meses antes, en julio de 1988, por medio de un graffiti que vale la pena citar: “Somos artistas de lo que queda. Nos sorprende seguir vivos cada mañana, sentir sed, e imaginar el agua. ESCOMBROS”. Desde entonces, Escombros es el sello de un grupo de artistas platenses que no firma sus obras individualmente. En 1988 el país era devorado por la hiperinflaci6n. ¿Qué queda del país?, se preguntaron: “¡Escombros!”. El acta bautismal definía una situaci6n social que no dejó de crecer; ser “artistas de lo que queda” marcaba su inserción militante, pero “sentir sed, e imaginar el agua” alumbraba de modo terriblemente poético el propósito estético de construir una imaginería visual que no dejó de reciclarse.

En quince años de ininterrumpidas acciones, sobre todo en La Plata y sus alrededores, son un fenómeno único en la plástica nacional y latinoamericana, un grupo que –como señala Rodrigo Alonso en el catálogo de la muestra– “ha dejado una profunda marca en el panorama de la creación contemporánea de nuestro país”.

Escombros realiza la mayoría de sus obras al aire libre: una plaza; una laguna seca transformada en una cava y usada como paredón de fusilamientos bajo la dictadura; una fábrica derruida; un arroyo. Materiales de desecho constituyen, casi siempre, la argamasa que les da forma. O espacios tomados, como cuando dentro de la estética del Land Art (arte de la naturaleza), cosieron con soga una cicatriz de 30 metros en la tierra; o cuando vertieron agua del Riachuelo en botellas para testificar que los 1000 días prometidos por la secretaria del Medio Ambiente para descontaminarlo, era una mentira más.

El hábitat de todo lo vivo, la implacable pobreza, el orden social injusto, la corrupci6n, las heridas de un genocidio que arrastró 30.000 vidas, alimentan la praxis de Escombros. Su estética remite al conceptualismo ideológico latinoamericano, llamado así para diferenciarlo de su híbrida matriz en Norteamérica. Dentro de ese corpus, la palabra juega un rol tan esencial como el objeto.

En Monumento funerario, al pie de un árbol desecado, colocaron una lápida con la inscripción: “Aquí no yace el cadáver del árbol que murió. Aquí yace el cadáver del hombre que lo mató”. El subrayado verbal no es tan obvio como aparenta: actúa resignificando lo evidente. Como solían hacer Marx o Brecht, la paráfrasis da sentido ideológico a lo simplemente manifiesto. País de lágrimas, se titulan seis bolsas de plástico con agua, expuestas en Arcimboldo. Lágrimas de los chicos que mueren de hambre, de los que comen basura, de los que no pueden educarse, de los que no tienen ni tendrán trabajo y les robaron el futuro... La bolsa golpea, la palabra taladra. Diez mates argentinos, con abundante yerba, pero de donde no podemos tomar porque, como suele pasar con la bombilla, el acceso a todo bienestar está “tapado”. El carro del héroe, un changuito como los que cargan los cartoneros con su mísero contenido diario. Está el carro, pero no el héroe porque lo vemos circular por las venas abiertas de la ciudad: “un héroe gris, ‘cubierto de llagas’, de ‘ropa zurcida’, que sigue viviendo aunque no tiene ningún motivo para hacerlo”. Que resiste en un continuo presente amputado de futuro. En La estética de lo roto, primer manifiesto del grupo lanzado en 1989, habían escrito: “El arte no es una teoría: es un acto de libertad”.

Con empecinamiento, Escombros ha ejercido admirablemente esa libertad que es como el paradigma de un mundo posible.


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Publicado en: Revista TXT, 19 de diciembre de 2003, Buenos Aires
Autora: María Teresa Constantín

Mate de lágrimas

Con el compromiso militante de siempre, el Grupo Escombros cambió de escenario pero no de país.

En 1989 el Grupo Escombros lanzó su primer manifiesto, se trataba de definir una estética y fijar una posición política en un momento en el que el país –en plena euforia de la política neoliberal del menemismo– prefería hacer oídos sordos a la miseria imparable que luego iba a estallar indisimulada. Optaron, en la tradición más pura del arte político, por un arte efímero en estrecho vínculo con la sociedad: incorporaban en sus acciones a todo aquel –artista o no– que quisiera intervenir, y en esa convocatoria residía parte de su poder. El sitio elegido para sus performances, fuera del circuito tradicional, eran los lugares públicos, a veces paupérrimos como una cantera o el espacio inferior de las autopistas.

El grupo fue modificando sus miembros y hoy –conformado por Altuna, Castro, D'Alessandro, Edwards, Fayad, Pazos y Puppo– ha publicado su cuarto manifiesto y ha dado un paso hacia el mercado exponiendo en una galeria comercial. Se trata de objetos, fotografías e instalaciones que, amparados quizá por la realidad actual del país, han comenzado a ser adquiridos por diferentes coleccionistas. La instalación País de lágrimas –con bolsas contenedoras de las lágrimas de los marginados del país–, los mates argentinos cargados de objetos punzantes, huesos u objetos que aluden al poder o la instalación Corrupción –donde una gran gillette sangrante corta una pesada laja–, muestran que, sin modificar su compromiso militante con los problemas del país, el grupo es capaz de producir piezas en las que el cuidado formal se alía con la fuerte denuncia sociopolítica. Dicen que uno de sus objetos está destinado a un juez: el futuro dirá si puede ser una medida del poder que encierran.


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Publicado en: Revista Noticias, 27 de diciembre de 2003, Buenos Aires
Autora: Victoria Verlichak. Argentino, clásico y actual
"Arte Argentino" Museo Eduardo Sívori. Av. Infanta Isabel 555. Buenos Aires. "Grupo Escombros” Galería Arcimboldo. Reconquista 761. Buenos aires

Paradójica y exuberante, hoy la cultura de los argentinos se construye a partir de la coexistencia de una abrumadora cotidianidad, de inamovibles mitos y de un pasado que cobijaba un futuro lleno de promesas. El arte argentino que se exhibe en la ciudad ofrece tanto la belleza clásica de la Colección del Museo Rosa Galisteo como el arte de concepto –cruzado por la tragedia nacional– del Grupo Escombros.

Dentro de un programa de intercambio patrimonial entre el Museo Sívori y los museos de las provincias del país, el Sívori exhibe ahora 64 pinturas y 10 esculturas de arte argentino del siglo XX, provenientes de la Colección del Museo Rosa Galisteo, de Santa Fe. El conjunto presenta maravillosas piezas y rarezas como el retrato de Manuel Mujica Láinez que hiciera Jorge de la Vega, el "Retrato de una niña" de Lía Correa Morales, el "Desnudo" de Ana Weiss de Rossi e incluye obras clásicas como las de Raquel Forner, Juan del Prete, Fortunato Lacamera, Emilio Pettoruti, Antonio Berni, entre otros.

Una de las obras más notables es el retrato del "Dr. Alberto Candiotti" (1927) de Alfredo Guttero (1882-1932), un artista representativo del modernismo de los años veinte. Como tantos artistas, el también había visitado Europa y conocía las sutilezas del arte moderno, que fueron traducidas aquí como una manera de alejarse definitivamente de lo académico y hacia un humanismo cosmopolita, utilizando la imagen figurativa. Con aire acondicionado y frente al Rosedal en Palermo, entrada $ 1; miércoles gratis.

Entre tanto, el Grupo Escombros presenta por primera vez su obra en una galería comercial Arcimboldo (lunes a viernes de 15 a 20, sábado 11 a 13), aun cuando desde 1988 construye su crítico trabajo en torno a los conflictos sociales y políticos de la Argentina. Aquí se exhiben objetos y documentación de foto performances, acciones solidarias, Land Art, manifiestos, que abordan la cuestión de la memoria y de la corrupción en una producción artística de alto valor simbólico. En la muestra se pueden ver trabajos que primero fueron imaginados y diseñados para la red net art, y que luego cobraron forma tangible como País de lágrimas (bolsas de polietileno transparente que contienen agua simulando lágrimas de los que no tienen futuro); Objeto inaccesible (panes intervenidos con púas, aplastados); y más.

El acto fundacional de Escombros –integrado actualmente por José Altuna, Claudia Castro, Horacio D'Alessandro, David Edward, Adriana Fayad, Luis Pazos y Héctor Puppo– fue un graffiti, que luego constituyó el primer envío como postal. El graffiti/mural decía: "Somos artistas de lo que queda. Nos sorprende seguir vivos cada mañana, sentir sed, e imaginar el agua".

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Publicado en: Diario Ámbito Financiero, 22 de diciembre de 2003, Buenos Aires
Autora: Ana María Quijano

Del rigor de la calle a la galería

EI Grupo Escombros, srtistas de lo que queda, exhibe hasta fin de año sus obras en la galería Arcimboldo. Fundado en 1988 en la ciudad de La Plata, el grupo formado por José Altuna, Claudia Castro, Horacio D'Alessandro, David Edward, Adriana Fayad, Luis Pazos y Héctor Puppo, viene realizando performances de tono político.

En el punto más álgido de la crisis convocaron a los ciudadanos de La Plata al Bosque para que en unos cartones, estratégicamente colgados de los áboles escribieran sus "sueños perdidos", aquellos que no se cumplieron o "les fueron robados", para decirlo en sus propios términos.

El resultado de la performance fue que las 1000 personas que participaron del acontecimiento, lejos de escribir sobre las ilusiones perdidas, dejaron un testimonio de sus esperanzas y de las ambiciones que –creían– aún se podían cumplir. Así obligaron a los artistas a cambiar el nombre de su acción, que quedó registrada como El bosque de los sueños perdidos.

También en el Bosque, esta vez con vocación ecologísta para propiciar el cuidado de la naturaleza, vendaron 700 árboles, y la belleza del testimonio fotográfico demuestra hasta qué punto estos artistas son capaces de ligar la estética con lo social.

Las obras que en estos días exponen en Arcimboldo, las bolsas de lágrimas argentinas, los mates con la bombilla obstruida, el carrito de los cartoneros, una mano perforada por un tornillo y una serie de fotografías de sus acciones, impactan al espectador con el lenguaje crudo y directo que los integrantes de Escombros utilizan en la calle. Se trata en suma de una muestra que deja un sabor amargo, pues han logrado trasladar –sin atenuantes– el rigor de la calle al ámbito refinado de la galería.

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Publicado en: Catálogo de la muestra

Esta primera muestra (Pancartas I) significa una ruptura con los materiales típicos de la plástica actual y también con el ámbito en el que tradicionalmente se expone la obra. (...) Salvo excepciones que el tiempo derrotó, ningún equipo artístico encara hoy esta actitud “desobediente”, cuyo sentido profundo reside más en su ética que en la “estética de lo bonito”, aceptable o decorativa.

Diario La Razón, S/F, Pancartas I, 28 de noviembre de 1988.


A partir del dolor. Del vital dolor creativo, con la intuición de sentir que están inaugurando un tiempo distinto Escombros, y vale la contradicción, está construyendo un sentimiento: el placer artístico persiguiendo al tristemente célebre fantasma medieval, hoy tan cerca nuestro: LA MUERTE.

Juan Carlos Romero, Pancartas II, 1988.


Contundentes en su mensaje, no nos dejan la posibilidad remota de la indiferencia. Podemos disentir, podemos acordar, podemos hasta compartir con ellos la experiencia, pero no lograremos después de ver sus Pancartas, olvidar con facilidad, ni siquiera voltear la mirada haciéndonos los distraídos.

Revista Arte y Ciencia, S/F, Pancartas II, 1988.


Cada foto, cada una de ellas, conforman una frase que debe ser completada con la pancarta que somos cada uno de nosotros. Así, entre ellos y nosotros damos a luz un discurso sin ataduras ni con-vencionalismos. Más que un discurso una declaración tan íntima, tan desgarrada, tan desprotegida, tan expectante como la declaración de amor entre un hombre y una mujer.

Eduardo Gavazzi, Pancartas II, 1988.


Asociándose a aquellos actores que de pueblo en pueblo transformaban la historia en leyenda, los integrantes de Escombros manifestarán su cosmovisión portando pancartas. Parten del lenguaje que poseen los pueblos para su expresión y protesta. No harán concesiones. Golpearán.

Diario El Día, S/F Pancartas II, 17 de diciembre de1988.


Escombros es un grupo de artistas que no pinta, ni esculpe o dibuja. Su trabajo es siempre una performance corporal basada en un concepto para ser transmitido y su resultado está en sus fotos. Esta urgencia expresiva está basada en el modo creativo del grupo: el artista de hoy, como el sobreviviente de una cultura en ruinas, está a cargo de cuestionar el presente. Esto es, ellos toman a la estética en defensa de la vida.

Nora Iniesta, Pancartas I, Diario Buenos Aires Herald, 5 de febrero de 1989.


Lo que llama nuestra atención (en la propuesta del Grupo Escombros) es el intento interdisciplinario que rompe con las exhibiciones y espectáculos tradicionales. Este cambio de escenario entre escombros y oquedades y a cielo abierto hace ver y sentir estas manifestaciones artísticas de manera diferente a las propuestas tradicionales.

Alberto Collazo, Arte en Colombia, Nº 41, 1989.


Una de las características salientes de Escombros es el carácter abierto de sus realizaciones. Nada se impone a quienes participan, las convocatorias son públicas, las obras ni se seleccionan ni se juzgan. Más allá de los diferentes conceptos estéticos, los reúne la defensa de los valores de la vida.

Clemente Padín, La Hora, Montevideo, Uruguay, 1990.


Las XI Jornadas de la Crítica se clausuraron con la “performance” del Grupo Escombros, autor del manifiesto La estética de lo roto. (...) En una opción opuesta a la dominante, estos artistas rechazan las tendencias formales, el consumismo, la industria del cuadro. Se trata, en todo caso, de una alternativa antiestética y comprometida.

Jorge López Anaya, La Nación, 22 de septiembre de 1990.


La cantidad de participantes –público y expositores– que se han hecho presentes en las “muestras colectivas” del Grupo Escombros las constituyen en un fenómeno único en la cultura argentina. Esto habla de que la propuesta posee características suficientemente amplias y diversas como para permitir múltiples posibilidades de identificación, y que la misma da cuenta de una tendencia muy fuerte de la cultura en la que vivimos.

Mario Carlón, La ciudad del arte, 1990.


Hay, en quien se propone sembrar sobre lo muerto, la voluntad de no rendirse. Una fe apasionada en la vida. (...) Esta ética es la columna vertebral sobre la que Escombros ha venido construyendo, desde hace dos años, lo que el crítico Alberto Collazo llama “el arte periférico”. Es decir, el arte latinoamericano de los ’90.

Diario El Día, S/F. 3 de junio de 1990.


A diferencia de otros murales, a Teoría del arte nadie le pegó un afiche encima, ni le arrojó pintura, o lo pintarrajeó con aerosol hasta volverlo irreconocible. Los platenses decidieron respetarlo sea cual fuere la interpretación que le hayan dado a esas cuatro figuras “estrellándose” contra una pared.

Revista Salida Platense, Año 1 Nº 7, 1993.


Escombros fue y es protagonista de acontecimientos culturales que han trascendido los límites del país y que, fundamentalmente, han modificado a toda una generación, a una polifacética corriente expresiva, que encontró en sus múltiples ofertas una alternativa sin condicionamientos para mostrarse.

Néstor Maldonado, Revista Demos Nº 38.


La imagen de estos artistas de lo que queda, como se autodefinen como grupo, sosteniendo ese muro que se destruye, es una metáfora clara de un mundo desgajado, partido, resquebrajado y que sin embargo no se cae porque permanece sostenido por las utopías.

Diario El Día, S/F, mural “Teoría del Arte”, 1º de diciembre de 1993.


Y este año ha sido también el de la estética heroica y magnífica de Escombros. Que no nos falte nunca.

Gabriel Bañez, El Día, 31 de diciembre de 1995, La Plata.


Escombros programáticamente renuncia a los ámbitos artísticos institucionales, optando por generar los propios mediante la demarcación y apropiación de distintos espacios urbanos desechados. En ese momento crítico para el gobierno radical -que poco después se ve obligado a adelantar la entrega del gobierno al presidente electo en mayo de 1989, el grupo con sus acciones señaló la crisis económica (desocupación, pobreza) pero también la claudicación moral ante la falta de solidaridad social.

María José Herrera, Nueva Historia
Argentina - Arte, Sociedad y Política, Editorial Sudamericana, 1999.


La Federación Argentina de Trabajadores de Prensa (Fatpren) y el grupo cultural platense Escombros, colocarán una placa recordatoria de mármol, mientras que en torno al monumento, que representa una máquina fotográfica, se instalarán estandartes en cuya parte superior están grabados los ojos de Cabezas y un texto que indica: “Veo al hombre que ordenó mi muerte/ Veo al hombre que me está matando/ Veo a mis padres pidiendo que no me olviden/ Veo a mi mujer esperándome en vano/ Veo a mi hija creciendo sin mí/ No veo al hombre que me haga justicia.

Diario El Día, S/F, 17 de enero de 1999.


Definida como escultura ecológica, Pájaros fue declarada de interés municipal. El presidente del Comité de Ecología del Concejo Deliberante, Luis Patiño (Frepaso), manifestó que “los motivos de su creación lo convierten en un objeto de conciencia, teniendo como finalidad la defensa de aquellos valores que representan a la vida”. La obra, por su contenido, responde a la filosofía de Escombros expresada en su manifiesto La estética de la solidaridad: “Un animal es una persona con otra forma”...“Toda forma de vida tiene derechos”...“Humano es todo lo sintiente”.

Diario El Día, S/F, 1º de octubre de 1999.


Hijo de tiempos duros, su obra es de hondo contenido humano y producto de un militante compromiso con la vida. En sus once años de vida ha participado de eventos internacionales dando voz a los excluidos, a los amordazados por la situación social y política, a los defensores del medio ambiente y de la calidad de vida para todos. La distinción que significa ahora el ser invitados a la prestigiosa Bienal de La Habana se suma a los reconocimientos recibidos en su ya dilatada trayectoria.

Diario El Día, S/F, 2000.


El Grupo Escombros, cuyas propuestas de acciones e intervenciones urbanas de carácter solidario así como de denuncias ligadas a un contexto socio-político, emplazarán en el Pabellón Cuba un contenedor con basura radioactiva, que envían los países desarrollados, y a veces se pierden en el mar, causando graves desastres ecológicos.

Laura Feinsilber, Diario Ámbito Financiero, 7 de diciembre de 2000.


Debemos agradecer la transparencia de estas iniciativas comunitarias, que los colocan al frente de los acontecimientos socioculturales de La Plata, Ciudad de los Poetas. ...”Noticias” como esta –en estos momentos del mundo– dignifican una vez más el sentido universal de la Poesía.

Ana Emilia Lahitte, El Sembrador de Soles, 2002.


Cierta vez R. M. Rilke le preguntó a Rodin: “¿Cómo se debe vivir la vida, maestro?” A lo que Rodin contestó: “Trabajando”. Y se ve que ustedes son tipos de laburo. Así que les agradezco sus murales callejeros, etc., etc. En la Argentina de hoy quizás los decires de Rilke y Rodin suenen medio disparatados porque desde la dictadura hasta hoy han querido y quieren diezmarnos en nuestra dignidad. Pero no van a poder.

José María Pallaoro, poeta, 2002.


Escombros presentó en la muestra su Pizza
de poesía concreta, juegos en los que con humor, sarcasmo y a veces también con dolor, rescatan aspectos de la realidad que reproducen a través de letras, no palabras, apelando a distintas fuentes y a todas las posibilidades que da la informática.

V Encuentro Internacional de Poesía Visual, Sonora y Experimental,
La Plata , Diario El Día, 23 de octubre de 2002, La Plata.


El primer manifiesto de Escombros, llamado La estética de la solidaridad, de 1989, fue publicado en plena hiperinflación, cuando se comenzó a agudizar la falta de solidaridad social, y actuó como una forma de asumir un compromiso político y social frente a la realidad.

Polimodal, Cultura y Estéticas Contemporáneas,
Puerto de Palos Casa de Ediciones, 2002.


F. M. Raíces 89.9 es una radio comunitaria. Su nacimiento está hermanado con el Hogar Pantalón Cortito. Con esta cartilla lo estamos invitando a participar de nuestro festejo. Compartiremos mate, tortas fritas y empanadas. Participarán artistas populares. Participará el Grupo Escombros, artistas de lo que queda.

Anuncio para el 10º aniversario de la creación de la Radio Raíces, durante el cual Escombros inauguró el mural La sangre derramada. 21 de diciembre de 2002.


El Grupo Escombros moviliza a la ciudad cada vez que expone obras en contra de la corrupción y la injusticia social y a favor de la solidaridad y la ecología. (...) Si bien ha participado de muchos eventos en distintas ciudades del país y del mundo, Escombros es “voluntariamente local”. Es decir, trabaja con y para la gente de La Plata.

Diana Pazos, Revista La Pulseada Nº 10, abril de 2003.


Un extenso público sigue al Grupo Escombros: a caballo, en coche, a pie. Vienen de otras provincias a participar de sus acciones. Para algunos (psicólogos) es lo siniestro freudiano lo que rehabilita el grupo. Para otros grupos (de extracciones sociales más bajas) es la fiesta, la huella popular, el nuevo carnaval bajtiniano. Para muchos artistas es la posibilidad de compartir, cuestionar, criticar el sistema.

Zulema Moret, conferencia pronunciada en el Albion College,
Michigan, Estados Unidos, 2003.


Potenciadas entre sí las obras se resignifican. El alimento se hace obsceno, indigerible. Como el pan, ese Objeto inaccesible con el que el Grupo Escombros subraya la desnutrición y también revisa –por ser su causa– la última dictadura militar.

Sibila Camps, Diario Clarín, 1 de agosto de 2003.


Con una estética clavada en el corazón de su tiempo, el Grupo Escombros, artistas de lo que queda, viene desde hace años zamarreando la conciencia de los argentinos desde aquel mural inexplicablemente demolido de la avenida 7, a sus convocatorias masivas o sus intervenciones en el arte callejero desde los años duros. Siempre apostando a la defensa de los derechos del hombre a vivir en libertad, expresarse, habitar ambientes saludables, educarse, y también los más primarios y elementales: el de una vivienda digna y el de alimentarse.

Diario El Día, Lalo Painceira, 17 de julio de 2003, La Plata.


El Grupo Escombros expresa desde el comienzo sus formas de producción: los espacios públicos, su propia corporeidad, el registro fotográfico, el transeúnte.
Su poética como un acto de libertad realizado por el artista asumido como superviviente. La construcción de sentido a partir de la experimentación y la participación de los receptores que acompañarán el o los sentidos de sus marcas. El escombro, la ruptura, la vulnerabilidad como metáfora directa del hombre en el mundo actual, la condición de lo efímero.

María de los Ángeles de Rueda, Arte & Utopía -
La ciudad de las Artes Visuales, Asunto Impreso Ediciones, 2003.


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Publicado en: Diario Ámbito Financiero, 12 de enero de 2004, Buenos Aires
Autor: Jorge Glusberg.

Hay buen arte con forma de Escombros

Luego de atravesar un acogedor jardín de acceso –diseñado por el arquitecto Livingston–, se ingresa a “Arcim-boldo”, donde el Grupo Escombros exhibe su muestra. La galería de arte dirigida por Pelusa Borthwick (Reconquista 761), está casi enfrentada con el espacio donde funcionó el CAYC (Centro de Arte y Comunicación) desde 1969.

Escombros se formó en 1988 con la participación de varios artistas y, aunque actualmente está integrado por José Altuna, Claudia Castro, Horacio D’Alessandro, David Edward, Adriana Fayad, Luis Pazos y Héctor Puppo, se propone como un conjunto abierto. Así lo explican en su primer manifiesto, La estética de lo roto (1989), “Somos un grupo abierto y horizontal. La cantidad de nuestros integrantes no es fija ni tiene límites. Todos, sin excepción, tenemos derecho a opinar y decidir”.

Sus miembros –no sólo artistas, también arquitectos, diseñadores, periodistas–, desde su creación no se identifican individualmente sino como grupo. En sus inicios, vinculados con el arte público y al análisis de la situación política y social, se plantearon qué va a quedar del país. De ahí, el concepto Escombros, con el que firman su primer graffiti: “Somos artistas de lo que queda. Nos sorprende seguir vivos cada mañana, sentir sed, e imaginar el agua”.

En sus quince años de trayectoria, han ido planteando sus reflexiones sobre la realidad social, sin limitarse a una única vía de comunicación. Realizaron murales e instalaciones, pero también charlas y manifiestos. Entre sus múltiples acciones al aire libre, interesa destacar El sembrador de soles, del 30 de noviembre de 2002, en la Plaza Islas Malvinas de La Plata.

La obra fue el resultado de una convocatoria a poetas de la región, quienes llevaron a cabo una plantación de 500 soles, pero también participaron ciudadanos de la más diversa condición y edad, dejando sus huellas y escribiendo frases, textos breves, cartas y poemas, sobre círculos de cartón amarillo desplegados sobre el césped. Fue un gran encuentro abierto, que planteaba la reivindicación del sol y la poesía para “curar lo enfermo, reparar lo roto, reconstruir lo destruido y resucitar lo muerto”. Aunque desligado de los espacios y redes institucionales y más identificado con obras al aire libre, en la galería, el grupo está exponiendo fotos, instalaciones y objetos.

No se trata de “objets trouvés” duchampianos, sino objetos muy terminados, a la manera de las bellas artes. Es el caso de La condición humana, realizado en acero al cromo, símil piedra, mármol. Un tornillo de acero atraviesa el centro de la palma de una mano, como metáfora de la resistencia que proponen en su último manifiesto. El carro del héroe, en metal, madera y cartón, recuerda el arte povera de los italianos de los setenta, y los marcos de plomo que rodean una serie de fotos expuestas rememoran el mejor estilo del escultor norteamericano Richard Serra.

En el segundo manifiesto, La estética de la solidaridad (1995) el grupo sostenía que “El artista solidario es un testigo de cargo. Es el dedo acusador que señala a la sociedad, el mayor de sus delitos: la indiferencia”. En La estética de lo humano (2000) afirman “El arte que no sirve para la vida está muerto”. Ligada a los conceptos de este manifiesto, País de lágrimas, es otra de las obras expuestas, donde las lágrimas representan la desigualdad y la exclusión social. El agua en las bolsas de polietileno, alude a las lágrimas de los desprotegidos y olvidados de nuestro tiempo.

En su Estética de la resistencia (2003) dicen “En el arte de la resistencia no hay espectadores. Se hace entre todos o no se hace”. Afirmaciones como éstas acercan las propuestas del grupo a las reflexiones de Joseph Beuys (1921-1986). Si todo artista verdadero es hijo de su tiempo, Beuys, que desarrolló su obra en la segunda mitad del siglo XX lo fue como pocos. Beuys deseaba el renacimiento de la humanidad a través del arte, es decir, con la movilización de aquella energía creadora que cada hombre trae al mundo, según el lo reiteraba.

Esa fuerza poderosa impulsa la transformación de las sociedades en lo político, lo económico y lo cultural, venciendo obstáculos y fronteras. Por tales razones “es preciso que el artista, que ante todo es un hombre, fuese inmediatamente después un ciudadano”. Así trabajó Beuys y el suyo es, en este sentido, un caso único en nuestro tiempo: el del artista como ciudadano. La obra de este gran creador alemán adquiere una dimension especial que la torna resistente a cualquier tentativa de encasillamiento o categorización. Creía en lo que creaba, y creaba para aquello en lo que creía: he ahí, en resumidas cuentas, la ideología de Beuys. Pero creía en la libertad y la paz, y buscaba, de manera incesante, representarlas. Por ello, de todas las fuentes beuysianas, el chamanismo es quizá la más decisiva, porque entraña desenvolvimiento y transformación, una alquimia mística, pero también práctica indiscutiblemente el artista es algo así como el chamán de las sociedades contemporáneas. Si bien el chamán no produce objeto alguno –en las sociedades primitivas, era poeta y alfarero–, trabaja, como el artista, en una actitud de entrega a su comunidad.

Con este compromiso, despierta en los demás conductas receptivas a sus mensajes, de modo similar al artista y sus obras, que sólo son tales cuando el espectador las comprende y las inter-naliza. En el Grupo Escombros, “la contribución de la gente ha sido siempre un rasgo esencial para sus propuestas”, dice Rodrigo Alonso en el prólogo a la muestra, “incluso en aquellas realizadas para salas de exposición u otros ámbitos. En cada una de sus exhibiciones, la presencia de los miembros del grupo es indisociable de las obras, ya que ambos forman parte del mismo proceso de pensamiento. Así lo demuestran las múltiples acciones que forman parte del repertorio del grupo. Se trata, en gran medida, de poner el cuerpo, (...)”. Prueba del reconocimiento que ha alcanzado Escombros son las invitaciones que han recibido para presentar sus obras en dos importantes espacios, en el curso de este año.

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Autor: Raúl García Luna
Leído en la presentación del Cuarto manifiesto
Lugar: Galería Arcimboldo. Buenos Aires
Fecha: 2 de diciembre de 2003

Carta Abierta a “Escombros” en Arcimboldo

Es para mí un honor presentar el cuarto manifiesto del Grupo Escombros, subtitulado La estética de la resistencia. Sobre todo porque mi actual afinidad ideológica con este manifiesto es algo así como una cura en salud, y en buena hora. Es que se trata, por decirlo con todas las letras, de un asunto personal. Y ya sabemos que no hay nada que no sea “personal” en este mundo, el único mundo que nos toca habitar. De manera que mi módica presentación no eludirá aspectos personales, ni políticos, ni éticos, ni estéticos que son, en definitiva, los cuatro ejes de las ruedas de Escombros.

Ergo, en principio dedico estas palabras a dos miembros fundadores que no duraron en el grupo, y que tampoco figuran en sus memoriales. Una mujer que le puso nombre al intento (“Escombros”) y un hombre que imaginó su credo (“artistas de lo que queda”). Salud, compañeros de ruta.

Eran los días de la “recuperación democrática” y ya había disidencias de forma y fondo dentro del grupo. Una línea que proponía la franca desconfianza en los poderes constituidos, y otra que tendía a reprocesar lo vivido en consonancia con la “fiesta de todos”. Y era natural que así ocurriera.

La solución no fue ni gentil ni salomónica, pero Escombros echó a andar, y eso es lo que importa aquí y ahora. Y eso es lo que me permite, si se me permite, dar fe de una contradicción iniciática que los acontecimientos no tardarían en arrastrar rumbo a una síntesis superadora, que yo celebro.

Y es esa síntesis realista y creativa, ni vanguardista ni a retaguardia de los conflictos sociales, la que hizo de Escombros lo que Escombros es: conciencia y esencia, crónica y acompañamiento, pensamiento y acción. Con las armas del arte, por supuesto.

No abundan los artistas “reaccionarios” en el sentido “burgués” de la palabra, y cabe recordar que a esos dos términos ya los empleaban los artistas mucho antes que Karl Marx. Y no en obvia referencia a los habitantes de los burgos que se deslomaban para capitalizarse, sino a sus pares del oficio que se rendían ante el Capital por 30 denarios.

Entonces, ¿hay o no un arte “reaccionario”? Sí, lo hay: es el que le da la espalda a su época y lugar, a sus congéneres y hasta a su propio corazón. Es ese arte que, quizá bello pero sólo decorativo, no guarda nada para sí ni para los demás, anteponiendo sus ansias de figuración a su verdad profunda. No es el caso de Escombros.

Hay que tener coraje para manifestar, contra toda injusticia y desmemoria: “Subversivo no es el piquetero que corta una ruta, el ahorrista que golpea la puerta de un banco, el obrero que se declara en huelga o el estudiante que toma una facultad. Subversivo es el político que desprecia el bien común para pensar en su propio bien, el banquero que se queda con los ahorros de la gente, el empresario que vacía su empresa, el gobierno que recorta el presupuesto de educación y salud” (cuarto manifiesto, pág. 9).

Porque ahora que ya hemos derrocado al delarruismo neoliberal continuista del menemismo neoliberal con la enorme ayuda de las asambleas barriales y los piquetes, pareciera que éstos son “el enemigo del pueblo”. Ah, claro: ahora, los pequeño-burgueses queremos “descansar”, y que de la política se encargue Kirchner...

Error. Porque si es verdad lo que dice el manifiesto escombrista, que “el voto es un cheque en blanco entregado al Poder”, no menos cierto es que “resistir es pelear”, e incluso que “el indiferente también es un dominado”.

Y desde luego que no sólo se trata de avanzar sobre el Poder en legítimo reclamo de un futuro imprevisible, sino también de un presente intolerable. “Resistir hoy, imponer mañana”, dice el cuarto manifiesto (pág. 11), sin llegar al extremo de proponer algo más que “resistir hasta que llegue el día que, por obra y gracia de la resistencia, surja un país más justo”.

Y bien, todos sabemos que ese “país más justo” no saldrá de un zapallo entre gallos y medianoche, sólo por la buena voluntad de un mejor gobierno. Entonces, ¿qué hacer? ¿Comprometer, vigilar, presionar, negociar? ¿Tomar el Poder, llegado el caso? ¿A qué está dispuesto el ciudadano medio, a qué los excluidos del sistema, y a qué el sistema mismo?...

Entretanto, los hoy desafortunadamente “mal vistos” piqueteros construyen huertas comunitarias, comedores infantiles, salas de primeros auxilios, panaderías, fábricas de zapatillas, centros de “aguante”. Todo lo que un gobierno bien habido debería hacer para comenzar a terminar con la miseria del 72 por ciento de los argentinos que la falsa globalización barrió bajo la alfombra.

Entretanto, los hoy afortunadamente “bien vistos” escombristas producen tajos en la tierra, árboles heridos, mares de basura, panes torturados, lágrimas envasadas, mates imbebibles, sillas de poetas ausentes, juguetes solidarios, muestras de participación masiva y activa, poesía visual, metáforas, memoria.

Unos en el inclemente campo popular, otros también en el riñón de la cultura oficial. Y ambos poniendo el cuerpo por lo mismo, nos gusten o no su formas de expresión y su mensaje de fondo. Finalmente, las “molestias” callejeras son una tontería comparadas con el hambre y la marginación de millones. Así que No a la represión y Sí a la comprensión.

Porque como insiste Escombros:
“El dato más optimista en la Argentina de hoy es que no sabemos qué nos sucederá mañana. Esto quiere decir que el proyecto totalitario es todavía eso: un proyecto”.
Así que basta de chivos expiatorios y adelante, que ya “No se trata de ser crucificado, sino de quemar las cruces”.

Por todo esto: gracias, Escombros.


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Publicado en: internet, revista virtual Sitearte
Autora: María Laura Ferrari

La exposición se encuentra integrada por objetos, instalaciones y fotografías de gran crudeza, con un mensaje claro y directo. Son obras que trazan un recorrido entre las fotografías de los años 1988-1989 y las últimas producciones en un vaivén que reflexiona sobre los crímenes de estado de los años setenta y las condiciones sociales de los argentinos más pobres y marginales de estos últimos años. Como reza su cuarto manifiesto “El héroe de la resistencia es todo aquel que sigue viviendo aunque no tiene ningún motivo para hacerlo”, cada obra de este colectivo se dirige llanamente a mostrar la crueldad de los hombres sobre los hombres mismos.

Así, mediante la inserción de la producción estética en las problemáticas sociales, construyen un discurso que apela a un comportamiento más ético entre los hombres. Su instalación País de lágrimas es una clara muestra de ello. Seis bolsas de plástico contienen agua de las lágrimas de los menos favorecidos por la política económica de nuestro país.

También, en La condición humana, el gesto es sencillo y despojado pero contundente, una mano atravesada por un tornillo industrial: una cita a la iconografía cristiana que transforma en mártires a los trabajadores.

De esta forma, con claras metáforas, el Grupo Escombros hace su llamado a la reflexión sobre la crueldad que hay en cada uno de nosotros en la lucha por seguir viviendo.

Publicado en: La Nación, Sup. Vía Libre

El Grupo Escombros, está formado por artistas platenses. Para el poeta del grupo, Luis Pazos, la idea fue “crear un grupo de arte en la calle que no dependiera de ninguna institución política, religiosa ni artística. Para tener libertad de expresión”. Estos artistas de lo que queda, como ellos mismos se definen, usan sus cuerpos y elaboran un concepto estético que representan a partir del arte callejero.

La autogestión, la interrelación entre redes, la financiación entre sus propios miembros, lo comunitario y la difusión por medio de Internet, son algunos de los ejes que posibilitan su existencia. A partir de estas redes es desde donde parecen vislumbrarse las semillas de la organización, de la acción estética y política de lo que representará la cultura de la década del 2000. ¿Unidos o dominados? Sí, mejor unidos.

Guía completa de colectivos artísticos y sus recorridos

Escombros es un grupo de La Plata que trabaja hace más de diez años. Realizan performances al aire libre, porque el material más barato es el cuerpo. Lo que queda es el registro fotográfico. Es un arte callejero, efímero.

Comenzaron con este nombre con la ilusión de que el país cambie y que algún día puedan mutarlo. Actualmente presentan su primera exposición en una galería de arte (Arcimboldo, Reconquista 761) donde presentaron su cuarto manifiesto La estética de la resistencia.



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El Bosque de los Sueños Perdidos El Bosque de los Sueños Perdidos
Pizza de Poesía Concreta Pizza de Poesía Concreta
El Sembrador de Soles El Sembrador de Soles
El Gran Sueño Argentino El Gran Sueño Argentino
Grupo Escombros: Creador de conciencia Grupo Escombros: Creador de conciencia
Objeto Inaccesible Objeto Inaccesible
Guiso Argentino Guiso Argentino
Entre lo parainstitucional y la reactivación de la esfera pública Entre lo parainstitucional y la reactivación de la esfera pública
Juguetes Solidarios Juguetes Solidarios
Escombros en ISalud Escombros en ISalud
La silla del poeta La silla del poeta
Grupo Escombros: Intervenciones en el espacio público Grupo Escombros: Intervenciones en el espacio público
Escombros en Arcimboldo Escombros en Arcimboldo
El colectivo de arte Escombros y sus intervenciones públicas El colectivo de arte Escombros y sus intervenciones públicas
Proyecciones hacia los '90 Proyecciones hacia los '90
La ciudad desde las artes visuales La ciudad desde las artes visuales





 

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