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Convocatorias
El sembrador de soles


El sábado 30 de noviembre de 2002, Escombros Realiza la convocatoria El Sembrador de Soles en la Plaza Islas Malvinas de La Plata. Invita a los poetas de La Plata, Berisso y Ensenada a escribir un poema en un círculo de cartón color amarillo oro de 1 metro de diámetro sobre el césped. Se plantan 500 soles formando un sembradío y se escriben 424 poemas. Durante la convocatoria se realiza la performance Soles al sol: se sueltan 50 globos de color amarillo con poemas.

La totalidad de los soles expuestos fueron donados al hogar "Pantalón Cortito".


Afiche invitación


Volante invitación


Galería de Imágenes de la convocatoria
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Recortes de prensa

Publicado en: Invitación a la convocatoria
Autor: Grupo Escombros

Sembrar poemas para cosechar vida.

En un mundo que camina a tientas en la oscuridad, la poesía, como el sol, está para disipar los terrores nocturnos. Los que viajan del fondo de la historia y los que nos impiden salir a la calle cuando llega la noche.

La poesía, como el sol, está para iluminar las cavernas interiores del hombre: esas donde reinan el horror a la vida y el amor a la muerte.

La poesía, como el sol, está para que el desierto se convierta en bosque y la tierra yerma dé a luz las mieses.

La poesía, como el sol, está para curar lo enfermo, reparar lo roto, reconstruir lo destruido y resucitar lo muerto.

La poesía, como el sol, está para recordar al hombre que su misión en la Tierra es mantener vivo el fuego.

La poesía, como el sol, está para sostener la esperanza a pesar de que tantos, tantas veces, anunciaron su fin.

La poesía, como el sol, está para iluminar la verdad. Luz implacable, que ciega al que no quiere verla.

Esto es lo que hará cada uno de los participantes cuando siembre su poema en la Plaza Islas Malvinas.

Por todo esto el título de la convocatoria –El sembrador de soles– es nuestra definición de poeta.


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Publicado en: Internet por correo electrónico
Autor: Grupo Escombros

Organizada por el Grupo Escombros, el 30 de noviembre de 2002, se realizó en la Plaza Islas Malvinas de La Plata, la convocatoria El sembrador de soles. Reunió a público y poetas de las ciudades de La Plata, Berisso y Ensenada, quienes escribieron 424 poemas propios y de otros autores, sobre círculos de cartón color amarillo formando un sembradío.

Nadie imaginó que pudiera suceder. Pero sucedió. En la convocatoria El sembrador de soles los participantes hicieron cola. Pero no para pagar una cuenta, hacer un trámite o tomar un ómnibus. La hicieron para escribir un poema sobre un sol de cartón color amarillo oro de un metro de diámetro.

Este hecho, tan inesperado y tan feliz, fue apenas uno más. Porque la plaza Islas Malvinas, ese 30 de noviembre, fue un lugar de encuentros y reencuentros. Después de diez años de no verse se estrecharon en un abrazo Rafael Oteriño y Osvaldo Ballina. Abrazo compartido por Horacio Castillo y Néstor Mux, llamados por Ana Emilia Lahitte, “los poetas capitales”, en una antología que recorrió el mundo. El quinto, Horacio Preler, llegó un poco más tarde para escribir su sol.

De pronto, los soles comenzaron a poblarse de frases, textos, pequeños y grandes poemas, cartas que nunca llegarían a su destino pero que igual fueron escritas. Tanta era su necesidad de comunicarse. Fue el aporte de los 33 integrantes del taller literario de la Colonia Montes de Oca, que a cargo de la profesora Gladys Chutte viajaron en ómnibus desde Luján para participar.

Ajeno a todo, un bebé decidió tomar su mamadera sobre uno de los soles; alguien llegó a caballo, otros, en bicicleta. Hubo quienes leyeron los poemas desde su silla de ruedas y quienes corrieron entre los soles como si recorrieran un laberinto. Abuelos y nietos, familias completas, poetas inéditos y con libros publicados, poetas premiados y desconocidos por ahora, plantaron su sol con una actitud que tuvo más de ritual que de arte en la calle.

Mientras tanto, los soles siguieron poblándose de poemas, aforismos, sentencias, cuentos sufíes y textos en general de los poetas de La Plata, Berisso y Ensenada y de los que ya son parte de la literatura del mundo. De Jorge Luis Borges a la Madre Teresa de Calcuta y de Albert Camus a Gabriela Mistral, pasando por Fernando Pessoa y Octavio Paz, entre otros, todos estuvieron presentes.

Dolorosa, sabia, triste a veces y alegre otras, la voz de los poetas de la región se dejó oír sobre todos los temas que importan a los argentinos: los desaparecidos de la dictadura, los caídos en Malvinas, los desnutridos de Tucu-mán. Pero también los que son parte insoslayable de la poesía de todos los tiempos y países: Dios, el amor, el padre, la madre, los hijos, la justicia, la libertad, y por supuesto el sol, símbolo de la convocatoria. En medio de un mundo de palabras un autor anónimo decidió renunciar a ellas: colocó sobre un sol dos cintas negras a manera de crespón. La Argentina de luto.

No faltó, no podía faltar, la poesía lunfarda y la poesía visual que envió desde Montevideo el poeta uruguayo Clemente Padín. Escribieron los chicos de Pantalón Cortito, el Hogar para chicos de la calle a los que Escombros donó todos los soles de cartón, y escribieron los alumnos de la escuela San Cayetano, que compusieron poemas como si lo hubieran hecho toda su vida.

A la hora de partir, la artista plástica Cecilia Cánepa realizó la performance Soles al sol. Soltó cincuenta globos color amarillo que volaron al cielo para caer en algún lugar y dar un poema a quien menos lo esperaba.

Los hombres, mujeres y chicos que participaron de la convocatoria escribieron un total de 424 textos. Esta fue la siembra. La cosecha es lo que sucedió: el triunfo de la vida.


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Publicado en: Internet por correo electrónico
Autora: Sibila Camps / Periodista

El sembrador de soles fue un acto de comunicación a través del arte. Un encuentro de personas muy diferentes. Y encuentros en varias coordenadas.

A diferencia de otras actividades organizadas en la calle por el Grupo Escombros, esta invitaba a concurrir llevando consigo la decisión de participar. La gran mayoría de quienes concurrieron, se habían preparado para estar allí y dejar sus huellas: escribieron poemas o los eligieron –entre los propios o entre los ajenos–, y los copiaron a un papel para poder transcribirlos en los soles. Fue una entrega colectiva, en la que la necesidad de expresarse superó las inhibiciones individuales y disolvió las barreras convencionales de apropiación del arte. Muchos crearon poemas especialmente para esta convocatoria.

Algunos recogieron la imagen del Sol como símbolo de la esperanza. Otros –que seguramente ya habían dejado sus mensajes en El bosque de los sueños perdidos– retomaron esa idea y plasmaron aquellas ilusiones que no han resignado. Otros alentaron a seguir luchando por un futuro mejor. Otros hicieron saber cuánto aman, a su pareja o a su familia.

Fueron, casi todos, textos positivos, pequeños compromisos públicos, promesas de no rendirse, juramentos de afecto. Y aun aquellas personas que no siguieron los códigos literarios de la poesía, tuvieron al menos una intención estética, buscaron y escogieron palabras.
Se lo dijeron a sí mismos, pero también a los demás. Resolvieron exponerse, permitir ser conocidos al tiempo que conocían. Así, a medida que los surcos iban cubriéndose de soles, cada sembrador fue convirtiéndose al mismo tiempo en cosechero de los poemas de los otros.

Pero el encuentro no se limitó a lo escrito, ya que esos testimonios dieron lugar a diálogos y descubrimientos mutuos entre quienes recorrían los surcos. De ese modo, autores, transcriptores y lectores terminaron generando un nuevo espacio de comunicación.

Una plaza es, por definición, el lugar de todos. La consigna de El sembrador de soles permitió emparejar diferencias: de profesiones, de experiencias, de edades, incluso de integración social. Conformó un paraguas de armonía que dio a los participantes la oportunidad de comprobar que cada ser humano es único.

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Publicado en: Internet por correo electrónico
Autor: Néstor Mux / Poeta

"Más allá de la felicidad –o precariedad– de los versos que expusimos en la Plaza Islas Malvinas, nos encontramos.

Viejos rostros amigos y nuevos rostros se juntaron por un momento en el único lugar en que debe habitar la poesía: al aire libre.

Allí donde se respira y crece. Allí donde se reconoce con los otros y con todos. En tiempos insolidarios de exclusión y desprecio, eso no es poco."-

 





 

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